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miércoles, 20 de octubre de 2010

OPINIÓN DE NUESTRO COMPAÑERO PEDRO PASCUCIELLO


Por ejemplo, en nuestra provincia el ex gobernador Jorge Busti instauro el 82% móvil en su primer gobernación y está a la vista el déficit de la caja de jubilaciones provincial consecuencia de esa irresponsabilidad atendiendo solamente a la coyuntura electoralista del momento, al punto que el gobierno nacional en 2004 debió socorrerla con anticipos de la coparticipación para que se pudieran seguir pagando las jubilaciones con dinero y no con bonos provinciales, con su correlato en el endeudamiento con la nación. Hoy es muy difícil para la provincia aumentar a sus jubilados y la caja sigue teniendo déficit. En otras palabras, tenemos a la vista la consecuencia de no pensar en las consecuencias valga la redundancia. (Puedo equivocarme en alguna fecha, pero es lo que está).

Por otro lado, de nada sirve que se hagan leyes que no tienen sustentabilidad y por lo tanto son inaplicables.

Por último, teniendo en cuenta que es una ley condenada al veto presidencial, ya que atenta contra la Argentina, como todo lo que queda en manos de COBOS para ser exactos, y profundiza la desigualdad de acuerdo a la exhaustiva investigación del CONICET que todos habrán podido acceder, siempre es un buen momento para empezar a comprometerse seriamente y sin medias tintas, simplemente por nuestra condición de empleados públicos que hemos sufrido en carne propia decisiones como estas. (Gobierno inconcluso de la ALIANZA - quita del 13%).


Por Jorge P. Pascucciello (Administración Concordia)



El pasado y el futuro son las amenazas del Sistema Previsional Argentino.

En el actual debate público para elevar las jubilaciones al 82% móvil es necesario repasar la historia, afirmar un presente de solidez y pensar responsablemente el futuro.


El pasado: Un colapso

Venimos de un pasado construido por una errática historia de decisiones macroeconómicas que hicieran colapsar el sistema previsional.

1958: Con gran cantidad de aportantes y pocos beneficiarios, Frondizi introduce por ley el 82% móvil.

1962: Se registra el primer déficit del Sistema Previsional que imposibilitaba cumplir con el 82% móvil.

1967: Con incumplimientos y un aluvión de juicios, Onganía declara la inembargabilidad de los bienes de las Cajas Jubilatorias. Aumenta las contribuciones y la edad jubilatoria y limita el 82% móvil para los superaran los 30 años de servicios.

1973-1983: Se fijó el haber ordinario en el 70% del cargo ocupado al cese de actividad, se incorporó un millón de nuevos jubilados y se eliminaron las Contribuciones Patronales.

1984: Alfonsín reinstaura las Contribuciones Patronales. Se acentúa la crisis de financiamiento. La relación activo pasivo era de 1,9 aportante por cada jubilado.

1986: Alfonsín decreta el Estado de Emergencia del Sistema Previsional. Disminuye los haberes, suspende la ejecución de sentencias e incrementa los aportes patronales. Las deudas del Estado serán canceladas años después por los Bonos Previsionales del Gobierno de Carlos Menem que, en gran parte, contribuyó a un significativo aumento de la deuda externa.

1994: Menem instaura el sistema mixto, de AFJP y Reparto. Se aumenta la edad de retiro, aumentan las restricciones para acceder al beneficio. Se eleva así el número de excluidos del sistema. La tasa de cobertura llega a menos del 50%.

2001: De la Rua establece la quita del 13% en las Jubilaciones y los haberes de los empleados públicos para cumplir con la “Ley de Déficit Cero” solicitada por los organismos de crédito internacional.


La solidez

Actualmente, el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) es un sistema solidario de reparto, con igualdad de cobertura y tratamiento para todas las jubiladas y jubilados del país.

Se compone en un 56% por los ingresos de los trabajadores activos y en un 44% por los impuestos que pagan todos los argentinos, entre ellos el IVA.

Estos fondos, administrados por la ANSES, son el reaseguro y el ahorro de todos los trabajadores activos y jubilados, incluso de aquellos que todavía se encuentran –o se encontraron excluidos de los derechos laborales, por medio del pago de impuestos como el IVA.

El país está haciendo grandes esfuerzos por recomponer el monto de las jubilaciones.

Todo lo que se haga siempre será insuficiente. Pero hay que seguir avanzando.

Hubo 18 aumentos otorgados desde el 2003, luego de una década de jubilaciones congeladas.

Hay que continuar con el Plan de Inclusión Previsional que posibilitó la incorporación de más de 2.500.000 jubilados excluidos por el viejo sistema.

Hoy Argentina tiene la tasa de cobertura previsional más amplia de América Latina.

Queremos seguir avanzando en el cumplimiento de la Ley de Movilidad Jubilatoria por la que se establecen dos aumentos obligatorios por año a todos los jubilados.

Esta ley –rechazada en su momento por varios sectores- plantea una fórmula de cálculo para la actualización de haberes que considera la evolución económica como variable central. En lo que va del año 2010, permitió aumentar las jubilaciones en un 26,49%, siendo este aumento mayor que los cálculos alternativos propuestos. Desde el 2003, el sistema de seguridad previsional incrementó sus ingresos por el fuerte crecimiento del empleo registrado posibilitando que la jubilación mínima de $150 pesos - mantenida en Argentina durante 10 años-, pase a $ 1.046 pesos, es decir, un incremento del 597,8 %.















viernes, 15 de octubre de 2010

MEDIOS Y COMUNICACIÓN


Espiral que no silencia
Por Lucila Bollo *

Dos aportes sobre el trabajo periodístico, la agenda y la construcción del discurso. Lucila Bollo reflexiona a partir de los cambios que la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual introduce en cuanto a la aparición de actores en el escenario.

Hace ya un tiempo que algunos espacios mediáticos comenzaron a enfocar sus debates sobre ciertos temas que anteriormente no tenían lugar en los medios, por lo que nadie hablaba de ellos, ya que no formaban parte de ninguna agenda. Una de las cuestiones que justamente empezaron a circular en los últimos meses es la de la capacidad que tiene la prensa escrita de “marcar agenda”, haciendo referencia a la teoría de agenda-setting surgida en la década de los ’70, que estudia cómo los medios de comunicación influyen sobre la atención del público al priorizar determinadas asuntos, y a la vez dejan de lado otros. Así es como algunos diarios, principalmente los pertenecientes a las empresas monopólicas, construyen día a día la agenda mediática. Al seleccionar la información que más les conviene de acuerdo con sus intereses, son los que deciden qué es noticia y qué no. De esta manera imponen a sus lectores los contenidos sobre los cuales deben pensar y discutir. Y no sólo a los consumidores de noticias, sino también a los demás medios, que reproducen durante toda la jornada la información destacada en dicha agenda.

Junto con esta teoría también surgieron otras muy significativas que no suelen ser analizadas públicamente, como la de la espiral del silencio, propuesta por la politóloga alemana Elisabeth Noelle Neumann, en la que se explica cómo las personas tienden a callar y ocultar sus opiniones si sienten que no son acordes con las de la mayoría, y en algunos casos se ven inducidas a adoptar las de los demás por temor a quedar aisladas socialmente.

En este proceso los medios de comunicación cumplen un papel primordial a la hora de establecer cuál es la opinión predominante. Y muchas veces, en el empeño por brindar fidelidad al grupo empresarial al que pertenecen, imponen una idea y la hacen parecer más fuerte de lo que es en realidad, mientras que los que tienen una visión distinta parecen ser más débiles de lo que en verdad son. Es así como se intenta manipular los juicios de las personas sobre ciertos temas, creando una especie de consenso social que apunte hacia determinado lugar, en concordancia con el grupo dominante. El resultado es, según Noelle Neumann, una “ilusión óptica o acústica” respecto de la situación mayoritaria.

Esta teoría puede analizarse con claridad desde la perspectiva mediática actual de nuestro país, ya que estamos atravesando una situación bastante particular, en un marco de constante debate público favorecido por la polémica generada en torno de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que abrió el camino hacia un mayor pluralismo de ideas y facilitó la aparición de nuevas voces. Debido a esto, muchas de las cuestiones que antes se encontraban invisibilizadas por algunos sectores hegemónicos de poder hoy se dan a conocer y son el centro de atención en diferentes medios, principalmente los que avalan la aplicación de la ley. Todo esto da cuenta de las limitaciones de la espiral del silencio, ya que al no poseer una rigidez matemática para funcionar, en muchos casos puede romperse. Ahí es cuando salen a la luz diversas opiniones que antes se hallaban silenciadas por el miedo al rechazo, al no consensuar con las de los demás. Una vez rota la espiral, el grupo minoritario que se encontraba oculto y debilitado se hace fuerte, y aparece como un factor de cambio que es necesario para la evolución de la sociedad. De lo contrario, nos encontraríamos estancados, con temor a manifestarnos libremente si no pensamos como la mayoría, ya que no contaríamos con su aprobación y terminaríamos por reprimir nuestros puntos de vista. En consecuencia, acabaríamos siempre influidos por los arquetipos que el establishment intenta imponer, sin posibilidad de conseguir ningún progreso cultural que abra nuestras mentes hacia nuevas formas de pensar y de percibir la realidad.

El ambiente generado a partir de la sanción de esta ley, aprobada en octubre del año pasado, favoreció el surgimiento de estos nuevos espacios mediáticos, que garantizan una mayor diversidad de opiniones y, a la vez, nos brindan propuestas atractivas e innovadoras. Este nuevo clima de debate es sumamente propicio, ya que enriquece enormemente la capacidad comunicativa de la sociedad en la que vivimos, en tanto que nos permite conseguir una comunicación mucho más plural, dando lugar a la democratización de la palabra. En este sentido, la ley Nº 26.522 parece haber derrotado en el campo de batalla a la silenciosa espiral.

* Estudiante de Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM).


La gente, el periodismo y la sorpresa

Por José Luis Petris *

José Luis Petris analiza el uso del término “gente” y las implicancias que ello tiene en la construcción de los mensajes.

Por suerte es más común que en otras épocas escuchar algunas prevenciones acerca del uso del término “gente”. “La gente piensa que” algo es de determinada manera, o “la gente se pronunció e hizo saber” que su voluntad es tal, o “hay malestar entre la gente”, o “la gente no sabe qué esperar” son ejemplos de un uso retórico de “gente”, en su antigua acepción: intento de persuasión. “Gente” es, en estas sentencias, sólo argumento, cuantitativo, poderoso, porque actúa como sinónimo de mayoría, pero también un argumento cualitativo, no menos poderoso, porque “la gente” es “la gente común”, la que merece nuestros mayores respetos y principales esfuerzos (enunciación soberbia y casi siempre hipócrita). Por suerte, decía al comienzo, este uso retórico de “la gente” es más cuestionado que antes, aunque no lo suficiente, y muchas veces de manera pobre y/o falaz.

La gente es una categoría tal como lo es la ciudadanía, las mujeres, los jubilados (“nuestros abuelos”, algunos dicen para fortalecer sus argumentaciones), los niños, los trabajadores, los inmigrantes, los creyentes, los intelectuales, etc. Y como tal es absolutamente legítimo utilizarla cuando queremos analizar, pensar y hablar sobre aspectos y componentes de nuestras sociedades, regiones, países, ciudades o comunidades. Lo es aunque todos sepamos, y muchas veces olvidamos, que son construcciones teóricas, abstractas, ya que los que existen son los individuos que trabajan, estudian, protestan, disfrutan, militan y mil cosas más, a veces colectivamente, otras no. A veces con conciencia de participar en la construcción del devenir común, pero la mayoría de las veces sin esta conciencia. Fácticamente, “la gente” no existe: nadie fue capaz de ver a “la gente”, o a “los niños”. Apenas podemos ver y conocer a algunas personas, a algunos chicos, y a partir de ellos nos hacemos representaciones de “sus” colectivos de pertenencia (por medio de la mayoría de las veces de una inducción despreocupada: desde algunos casos, que siempre son pocos, inferimos que el todo es así, igual a esos casos). Se trata de un extraño fenómeno si tomamos conciencia de que “aprehendemos” a reconocer qué le pasa a “la gente”, que curiosamente no nos incluye porque por definición “la gente” es siempre un otro, desde también lo que nos pasa a nosotros (otra categoría de la cual deberíamos desconfiar), desde lo que sentimos y pensamos nosotros (que sí nos incluye) y que, por lo tanto, concluimos, lo mismo debe sentir, pensar y pasarle a “la gente”, ese otro.

“La gente” es una categoría sociológica, común también en otras disciplinas, que exige para su utilización de decisiones teóricas (a qué llamamos “la gente”) y respetos metodológicos (qué y cómo debe observarse aquello que nos permita describir a la gente en un determinado momento). Pero “la gente” es también una figura del habla cotidiana, del discurso político y de la práctica periodística. Y es en estos casos donde es utilizada antes como un argumento retórico que como sujeto u objeto del debate, el compromiso o la información. “La gente” se convierte así en un lugar común (vacío), paradójicamente de peso, para sostener ideas y posturas no siempre fáciles de defender sin ese uso de “la gente”.

En el periodismo, además, se manifiesta una curiosa paradoja: la gente es, casi por definición, el destinatario de su trabajo; y la gente suele ser, con mucha frecuencia, objeto periodístico. Es decir, el periodismo suele informarle a la gente sobre la gente; suele indagar a la gente para contarle a la gente lo que la gente piensa, disfruta o sufre. La paradoja se resuelve sólo con la otra paradoja ya apuntada: el lector de un diario (por ejemplo) que lee lo que el diario le informa sobre la gente no es en tanto individuo, como vimos, parte de la gente, aunque la categoría “la gente” lo incluya y él lo sepa.

Y entonces la sorpresa. Ocurrió con la concurrencia masiva y alegre a los festejos por el Bicentenario. Y volvió a ocurrir con la cálida y numerosa recepción que se le tributó a la selección de fútbol a su regreso al país tras su eliminación del Mundial. El periodismo habló de sorpresa y/o actuó con sorpresa ante ambos hechos. Y lo sigue haciendo. Y sobre esta sorpresa, sobre “la gente”, sobre la gente y sobre el periodismo corresponde apuntar algunas cuestiones. En primer lugar que ese periodismo que suele evaluar las gestiones gubernamentales y las acciones políticas desde y con el humor de “la gente” es el mismo que se sorprende con algunas manifestaciones de la gente. Es el mismo periodismo que muchas veces habla por “la gente”, que se arroga su representación, el que se sorprende por “imprevistas” acciones de la gente. Y con esa sorpresa, le cuenta a la gente lo sorpresivo que hizo... la gente. Es decir, le manifiesta a la gente su sorpresa ante ella. Y la “representa”. Y la usa.

La sorpresa tiene siempre dos posibles explicaciones: sorprende lo que no se corresponde con lo esperable según determinada lógica o norma que compartimos, o sorprende lo que se corresponde con una lógica o norma existente pero que desconocíamos. Lo inesperado de la sorpresa ocurre cuando una lógica o norma se rompe, o porque la lógica o norma en la que creíamos era incorrecta. ¿Qué generó “la sorpresa” ante los festejos por el Bicentenario? Que fueran revisados, muy analizados y retorizados tratando de descubrir qué fue lo que había ocurrido y por qué (también muy escritos y hablados para tratar de cargarlos con determinados significados, los útiles para los propios intereses). Es lo que podríamos llamar un exceso de semiótica: si un signo es siempre algo que remite a otra cosa, los alegres y masivos festejos del Bicentenario, por sorpresivos, no podían ser esencialmente eso, alegres y masivos, debían estar escondiendo otra cosa, debían significar otra cosa, exigían una lectura política de otro orden, cuando el hecho político significativo, irrefutable, novedoso para parte de la clase política y del periodismo, ¿novedoso para la gente?, fue que los festejos fueron masivos y alegres. Con el regreso de la Selección se repitió la misma sorpresa. De nuevo la gente no se comportó como debía comportarse “la gente”. La gente, como con el Bicentenario, convierte a la sorpresa en noticia. ¿A la sorpresa de quién? Parte del periodismo se sorprende con la gente, e informa a la gente de la novedad de la sorpresa que ella misma (le) ocasionó. Y le explica por qué actuó así (ella, la gente). En ambos casos hay poca introspección, poca humildad, poca sinceridad. Hay poca revisión de si la sorpresa no se debe a que no conocemos tanto a “la gente”. Que no se conoce tanto a esa “gente” sobre la que el periodismo se propone cada día informar a la gente, “representándola”.

* Semiólogo, profesor del IUNA y la UBA.











miércoles, 13 de octubre de 2010

“Escándalo del aire”


ACERCA DEL BARROCO

En la plástica, la literatura y la música, en el Siglo de Oro español y en la América latina contemporánea, el barroco –señala el autor de este trabajo– ayuda a intuir “un goce más allá”, “el arte de excederse, derrochar, derrapar” y “dejar restos”.

Por Pablo Fuentes *

En el decadente período de la España de Felipe IV, la poética barroca trata al mundo como oxímoron y, al decir de Gracián, como “concierto de desconciertos”; lleva al uso extremo de la antítesis, dejando la sensación de que todo es inestable y efímero. De ahí uno de los temas obsesivos de la poética barroca: el tiempo. Aparecen muchos textos sobre lo pasajero de la vida, sobre la caducidad de las cosas. Se trata de una poesía sobre las ruinas y lo fugitivo de la existencia. Dice Góngora:

Si quiero por las estrellas

saber, tiempo, dónde estás,

miro que con ellas vas,

pero no vuelves con ellas.

¿Adónde imprimes tus huellas

que con tu curso no doy?

Mas, ay, qué engañado estoy,

que vuelas, corres y ruedas;

tú eres, tiempo, el que te quedas,

y yo soy el que me voy.


De esta mirada trágica de la existencia deriva el gusto barroco por la melancolía, por un tono de desengaño y pesimismo, aun sobre el fondo de fiesta de la exuberancia y de la sensualidad que le son típicas. De ahí también el gusto por las cosas materiales, el aprecio por lo vulgar. Los objetos del mundo aparecen frecuentemente, nombrados, enumerados, llenando el espacio de la enunciación, como la sobrecarga de elementos que aparecen en los cuadros de los pintores del período. Cosas más bien humanas, no tanto naturales: ropas, objetos, herramientas. Cosas en acción, humanizadas.

Si, en la metáfora cristalizada, el barco es llamado “vela”, el poeta barroco lo llamará “llama en fuga”, haciendo el juego, a la vez, con la literalidad y con la extensión de la metáfora inicial. Erupción sobre la superficie del lenguaje, la metáfora es el grumo donde la tersura del discurso encuentra el tropiezo. Sobre el ilusorio grado cero de la lengua, allí donde no habría ninguna figura retórica, la metáfora es lo que delata sus límites, su peligro y su extensión. Es el síntoma de la lengua, su patología. En la poesía barroca, en especial en Góngora, el primer grado del enunciado, el comunicativo, cercano al discurso hablado, desaparece del texto. Como plantea Severo Sarduy, Góngora parte de las metáforas tradicionalmente poéticas y despliega su escritura en un registro suprarretórico, es “una potencia poética al cuadrado”.

La metáfora al cuadrado es la reversión de la metáfora simple, es el tambaleo de su condición significante y, puede decirse, su graduación como escritura misma, su entrada al estatuto de la letra. El texto barroco, como en las Soledades de Góngora, se despliega con progresión geométrica, en una proliferación metastásica que carcome el plano del discurso corriente. Una palabra de valor metafórico, como “cristal”, puede desencadenar una metonimia de objetos brillantes, fríos y transparentes. Lo legible es cercado por la proliferación de los tropos, por el tartamudeo de la aliteración. En la literatura clásica, la distancia entre figura y sentido es mínima, la cristalización entre significante y significado es el objetivo. La escritura barroca, en cambio, hace imposible la coagulación del signo. Sonido y sentido, imagen y concepto se entraman sobre las ruinas de la lengua hablada –construida en realidad con metáforas naturalizadas– y del mundo entendido como ilusión comunicativo.

En el barro de la América de lengua castellana, el barroco encontró una nueva máscara en la corriente poética llamada neobarroca, que tiene en el cubano José Lezama Lima su figura inaugural. Este barroco latinoamericano, cercano a la experimentación pero no con el rigor militante del concretismo, se caracteriza por su disposición impura a entrar en mixturas e hibrideces textuales. A diferencia de la vanguardia histórica, dominada por su preocupación por la imagen y la nueva metáfora, la poesía neobarroca trabaja mejor la alteración de la sintaxis, la problematización del movimiento respiratorio del texto: es difícil leer en voz alta un poema neobarroco sin perder el aliento. Como el barroco áureo, esta corriente repudia lo inerte y lo fijo, colmo del engaño y efecto de la represión de la retórica oficializada por el discurso social, el “bien decir”.

Modelo del mal decir, la maldición del barroco ya había contaminado los diferentes movimientos de las vanguardias históricas que habían cuestionado, en su momento, los parámetros armónicos de lo neoclásico. Con su dinámica de plegado de las formas y de la materia del lenguaje, la poética barroca no implica un yo lírico sino su aniquilación y, en este sentido, es antirromántica: no es la “expresión” de un sujeto, son las fuerzas del lenguaje las que se manifiestan a través del poeta. “Lo confusional en tanto opuesto a lo confesional”, como razona Néstor Perlongher.

Pero, como aclara el mismo Perlongher, la diferencia entre estas escrituras contemporáneas y el barroco del Siglo de Oro pasa por el sustrato en el que se apoyan: el barroco áureo pisa el suelo de la retórica renacentista y se guarda la posibilidad de que su texto sea decodificado, como hizo Dámaso Alonso con los poemas de Góngora. Los textos neobarrocos no permiten la traducción: la sugieren y hasta estimulan pero, a la vez, la perturban y dificultan. Además, su sustrato es la modernidad y ciertas retóricas vanguardistas, como el surrealismo y la crisis del realismo.



Historieta sagrada

Lacan relacionó el barroco con lo que él llama el “anecdotario de Cristo”, con lo que el barroco configura en torno de una historieta sagrada, ya no historia, de la pasión de un cuerpo y, obviamente, de la narración de su goce. Un relato casi ilegible de un cuerpo gozando en el límite mismo de lo mostrable. Ya las escrituras místicas, como las de Santa Teresa o San Juan de la Cruz, habían anticipado esta estrategia en la cual lo que se escribe como íntimo, por ejemplo el poeta hablando de sí mismo, implica ese vaivén ambiguo entre lo interior y lo exhibido, la oscilación entre el pudor y la mostración, la profunda superficialidad de un yo que se desdice en la medida en que el cuerpo goza en las palabras escritas. Es el carácter éxtimo de la escritura lo que el barroco evidencia al relacionar el goce de la lengua en tanto sustancia orgánica, parte de un cuerpo, con la torsión de los tropos como recurso de artificialización y cifrado del discurso. Pero esto lleva a la idea de que la escritura gira en torno de un centro ausente: el misterio de un goce fuera del cuerpo, donde esa representación exasperada se agota en sus ornamentos, un parloteo feroz, justo antes del silencio.

De ahí también la tensión de este modo barroco con la idea clásica de estilo: se trata de una escritura sin estilo porque se apodera de todos ellos, es propensa al mestizaje. Se trata, mejor, de hacer un cuerpo de escritura, de que asome en la frase lo real del cuerpo que habla. En otras artes, el barroco se sirve de esto, como en las esculturas de Bernini, donde, como señala indirectamente Lacan, se trata de exhibición de goces, donde la carne canta en la blancura del mármol. Blancura, en ausencia de unos colores que potenciarían, en la representación, el carácter significante que aquí tambalea: ¿es una historia lo que se cuenta en El rapto de Proserpina o sencillamente es el mármol que goza? (ver ilustración) ¿Es la lengua misma la que goza en estas escrituras?

La escritura barroca configura un contradiscurso que exhibe las entretelas del lenguaje. Es exasperación del decir lo indecible, exhibicionismo de lo invisible, donde los tropos, llevados al límite, terminan operando con el estatuto de letra al rebasar la función significante del escrito. La escritura merodea su objeto. El barroco es el arte del merodeo, expresión estética de la circunferencia de dos centros de Kepler, representación cosmogónica del elipse, figura geométrica de la estrategia de acecho de ese resto no significante del discurso que se vela y se revela en los plegados infinitos, en las “volutas voluptuosas” (Néstor Perlongher dixit) del barroco.

Es esta índole de artificio de la escritura, su carácter cifrado, esta desnaturalización respecto al lenguaje, lo que el barroco expone. Como si se tratara de un síntoma de la lengua. La lengua, cuando asume una posición elidente, barroquizante, como en el delirio o en el sueño, cuando se escribe en los bordes de lo simbólico, produce el rebasamiento de la matriz semántica y se produce como una carnalidad, alcanza cierta relación exasperada con el goce, cuando el placer del decir trastabilla: “Esos híbridos del vocabulario, ese cáncer verbal del neologismo, ese enviscamiento de la sintaxis, esa duplicidad de la enunciación, pero también esa coherencia que equivale a una lógica, esa característica que, de la unidad de un estilo a los estereotipos, marca cada forma del delirio: a través de todo eso, el enajenado, por la palabra o por la pluma, se comunica con nosotros”, plantea Lacan. Pero el artista barroco despliega esas estrategias con un fondo de fiesta, no como la música del infierno de los enajenados. El cáncer verbal de los locos está antes del goce fálico; el del sueño está en él; la metástasis del verbo barroco se sostiene en un goce más allá.

Goce, brillo del objeto, lujo del exceso, el barroco es el arte de excederse, derrochar, derrapar, dejar restos. Es el brillo de las superficies que es toda la profundidad a la que se puede aspirar. Es abusar del poder de las palabras, es ponerlas en tensión, despegarlas de su propia funcionalidad. En La vida es sueño, Calderón de la Barca habla del disparo de un arma “cuyo fuego será escándalo del aire”. Allí animiza lo natural y, a la vez, pone en evidencia el carácter suntuario, excesivo, de una metafórica que está al servicio de sí misma, que se sale del cuadro del sentido y que incendia la realidad que pretende narrar.

Llama dorada como el oro de las capillas barrocas, ornamentadas con el lujo del exceso y la lujuria de un erotismo sagrado y metálico, sangrante y etéreo: oro como el rey mineral, eterno, lascivo y palpitante de una forma, un estilo o una época que se animó a proliferar con su artificiosidad y su sensualidad por sobre la tiranía del sentido y de la ilusión de la armonía. Derroche de oro, río orondo, oropeles del sueño, la poesía, del delirio, río dorado, olas del fuego del deseo en sus desbordes.

* Extractado del trabajo “El deleite de las sombras. Notas sobre escritura barroca y el orden de los goces”.












martes, 12 de octubre de 2010

12 de octubre de 1492: ¿Pasó lo que nos dicen?
Textos de Juan Jose Rossi

La ley del más fuerte

Ante una nueva “celebración oficial” del arribo ibérico a nuestro continente hace 513 años, no es superfluo rememorar los mecanismos utilizados por la posterior y sostenida intervención europea o “primer mundo” hasta nuestros días con el fin de introducir su modelo ideológico, político, económico y religioso. Cuando en el siglo XV nuestro continente, al que luego arbitrariamente se lo llamaría “América”, continuaba con el desarrollo de su propio proceso histórico-cultural extendido a lo largo y ancho de su espacio territorial y marcado por una fecunda variedad de culturas y naciones nativas (inuit, iroquesa, azteca, arawak, chibcha, inca, guaraní, wichí y selk’nam, por nombrar algunas) Europa se debatía en profundas luchas internas y externas (sobre todo la Península ibérica) para poder garantizar poder y recursos a monarcas, príncipes, nobles y ejércitos, objetivo primordial que hizo posible la apropiación y saqueo sistemático de nuestro enorme continente.

Los movimientos expansionistas europeos iniciados en el siglo XV, al principio por españoles y portugueses luego por otros estados europeos, contaron con la participación interesada y motivadora de sus respectivas coronas y del catolicismo, cada uno en su ámbito. Mientras los primeros convenían en capitulaciones con los exploradores para asegurarse un elevado diezmo y la adquisición prepotente de tierras y señoríos sobre los habitantes nativos, el segundo proveía, directa o indirectamente, la permisión moral de acciones aberrantes y un “ideal” que elevaba al rango de “cruzada civilizadora y evangelizadora” un proyecto indiscutiblemente de apropiación territorial, comercial y político expansionista. Sin embargo, cabe preguntarse por qué y cómo lograron el resonante éxito que todavía se considera una gesta heroica y civilizadora.

Al arribar Colón a las islas y posteriores aventureros a otros enclaves, la actitud inmediata adoptada por los habitantes fue, por un lado de enorme sorpresa frente a la presencia de gente surgida del mar con curiosas armas y extrañas vestimentas y, por otro, de absoluta hospitalidad. En los primeros contactos jamás los nativos ofrecieron resistencia ni declararon guerra alguna. Sólo ante el abuso sorpresivo y despiadado reaccionaron tratando de hacerlos retroceder, pero sin éxito ante las poderosas armas y estrategias europeas. Por su parte los recién llegados, a medida que avanzaban “dudaron” que los nativos ―presumiblemente habitantes de “Las Indias”― fueran “descendientes de Adán y Eva”, o sea, que fueran verdaderos hombres. Esta absurda consideración “filosófica” de exploradores, misioneros y filósofos de la época acerca de la naturaleza de los nativos, más allá de algunos extemporáneos documentos oficiales en su contra, se transformó en un justificativo inapelable y siniestro que ante su conciencia “cristiana” legitimó el inicio de una cadena de aberrantes acciones invasoras.

Sostuvieron, por ejemplo que los “bárbaros” podían ser esclavizados ya que, según su arbitraria teoría, los bárbaros eran “infieles” y éstos, a su vez, seres indignos porque rechazaban la “verdadera fe” (¡la de ellos!), en consecuencia merecedores de ser perseguidos y aniquilados en la medida en que se resistieran. Un argumento falaz que les dio luz verde para justificar tanto la esclavitud cuanto el genocidio y saqueo indiscriminado. Este fue uno de los tantos sofismas utilizados por la corona y las instituciones autodenominadas “cristianas” para legalizar cualquier acto de destrucción o imposición de su sistema.

Desde esa posición ideológico-estratégica los “civilizadores” se permitieron imponer por la fuerza su propia cosmovisión, ajena a la humanidad local, e implementar por la fuerza su sistema de vida desvalorizando en tanto “diabólicas” las creencias de nuestro continente y quebrando las estructuras sociales milenarias, inclusive sus idiomas, tradiciones y escritura jeroglífica e ideográfica. En última instancia desactivaron lo medular de aquellos pueblos que hasta ese momento vivían “a su modo”, neutralizándoles la capacidad de reaccionar ante un enemigo insaciable. A partir de allí, los invasores actuaron “seguros” y a cara descubierta sometiendo a la población de nuestro continente a la desesperanza y esclavitud por medio de hipócritas estructuras como la encomienda, mita, factorías, minas reales y otras aberrantes formas “legales” con que explotaron y exterminaron a la humanidad “descubierta para civilizar y cristianizar”.

No resulta extraño, entonces, que, según refiere el sacerdote Las Casas, el cacique Hathucci poco antes de morir en la hoguera por resistirse al sistema europeo sostuviera el siguiente diálogo con un religioso que lo instaba a bautizarse para ir al cielo y salvarse del infierno: – ¿Ustedes también van al cielo?, preguntó la víctima. – Sí, respondió el fraile. – Entonces –contestó el cacique– no quiero bautizarme para no encontrarme de nuevo con los crueles y tiranos españoles.

El sistemático proceder de los españoles y portugueses, sumado a las enfermedades infecto contagiosas traídas desde Europa, provocó una alarmante disminución de la población nativa. En las islas del Caribe, por ejemplo, tras someter a dos o más millones de habitantes en sólo una década (Colón todavía no había muerto) apenas quedaban alrededor de 300 mil nativos; en el valle de México, entre 1520 y 1580, de 25 millones bajó a 1.9 millones y en los Andes centrales de 11 millones a 1.5 millones durante el mismo período. Estos datos resultan agobiantes y son prueba inapelable del genocidio desatado en nuestro continente. Sin embargo se califica aquella intervención masiva como “gesta heroica”.

Si bien en la historia oficial estos hechos persisten con una visión mal idealizada o tergiversada y el sistema educativo no los revela ni propone como aberrantes, es indiscutible que fueron consumados ininterrumpidamente a partir de aquel 12 de octubre 1492. Quizás no nos resulte fácil asumir una crítica de lo que se nos ha enseñado, pero es nuestra responsabilidad desenmascararlos para ubicar los acontecimientos en su lugar y darles el nombre que se merecen, como inclusive lo hicieron algunos europeos de aquella época aunque no fueron escuchados por los intereses mezquinos que motivaban y motivan el sometimiento de América. Bartolomé de Las Casas en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias denunciaba sin atenuantes que “Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños ni viejos, ni mujeres preñadas que no hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quien de una cuchillada abría un indio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban las criaturitas del pecho de las madres y los lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos, los amarraban con paja seca y los quemaban vivos en las hogueras, les clavaban estacas en la boca para que no gritaran. Para mantener a los perros amaestrados, colocaban indios n cadenas, los mordían y los destrozaban. Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas y oídas”.

Por Juan Jose Rossi
 
 
Publicado el viernes 5 de septiembre de 2008 en www.contrafestejo.com.ar
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

domingo, 10 de octubre de 2010

Breve relato sobre los blancos

Por Juan Pascual

Hay miles de formas de no decir esa palabrita, negro, y mantener, al la vez, la voz dentro del paradigma, del punto de vista que la contiene.

Grasas. Menchos. Cabezas.

Esa palabra, y sus variantes, sirven para denominar un “otros” y, más aún, un “ellos”. Una clara posición política hilvana a todas esas variantes. Una es esa posición; en ella hay una cifra que es indispensable reconocer (en el sentido estricto: conocer un fenómeno como conocerse a uno mismo).

Tras miles de años de historia humana (cuestión que incluye a las relaciones sexuales, las migraciones, la mezcla infinita desde el inicio de los tiempos) seguir pensando en términos de pureza biológica racial o de ligazón entre una raza particular y un territorio específico es una cuestión completamente ignorante. Tan obtusa como negar que efectivamente existen las diferencias de fenotipo, de apariencia física, y que tal notoria y vasta diversidad, siempre en mutación, es, antes que nada, un motivo posible de conocimiento y de placer: el gusto por el cuerpo humano puede poseer todo tipo de formas.

Bolas, bolitas, paraguas, perucas, brazucas, boliguayos. Chilotes.

La relación entre raza y biología es nueva. Antes del siglo XIX, ese concepto no se definía con el vocabulario de esa disciplina. Sin embargo, una vez fundidos, rápidamente ese vínculo fue parte de un inusitado proceso de producción de cadáveres. Cuando la raza se tradujo al lenguaje del cuerpo biológico, y cuando en ese lenguaje se comenzó a explicar el crimen, el éxito, la locura y hasta las tendencias políticas, el Estado tomó a su cargo la división entre los cuerpos de las razas deseables y los de las indeseables, purificando las primeras (ya “puras”), extinguiendo a las segundas (las “degeneradas”) y creando una idea general de normalidad para ambas. Así, el fundamento del racismo es, en verdad, positivo: consiste en la política del Estado para producir mejores cuerpos, con mejor vida, que duren más y en mejores condiciones. Y toda política que se base en producir esas separaciones entre lo normal y lo anormal, lo más humano o lo menos humano, es un racismo. El único requisito necesario es separar la paja del trigo y producir una selección precisa de cuáles son los cuerpos beneficiados y cuáles son los que pagarán, con sí mismos, por ello. Luego, no sólo hay que observar qué segmento de la población elige matar el Estado, sobre todo hay que indicar cuál es el privilegiado con el mejoramiento de la vida. Advertir a qué parte de la población el Estado eligió defender respecto de sí misma, de su parte gangrenada. La sociedad debe ser defendida de su parte gangrenada, que también comprende al extranjero. (Dicho en voz baja: que hasta comprende a la mujer, que si osa no estar en la casa -y aún así- tiene que cobrar menos salario).

Forma parte de nuestro imaginario la afirmación de que en Argentina no hay problemas de racismo. Crisol de razas, nos decimos. Inclusive, dentro de esa misma imagen, se admite que hubo un par de problemitas serios (y excepcionales) como los regimientos de negros en la guerra al Paraguay y la avanzada del Estado sobre la Patagonia, de la mano del ejército de Roca. Tras ese asentimiento, se supone que nada más pasó.

El reconocimiento (nuevamente, esa palabra) de la existencia de una parte salvada y protegida es lo que, en Argentina, supimos suprimir eficazmente, sobre todo a partir del encorsetamiento del discurso sobre el otro a dos lugares muy propios. La casa, como espacio de enunciación, es uno. El alma, como objeto del enunciado, es el otro.

Negros.

Hasta hace poco, el uso del término negro se restringió casi exclusivamente al ámbito de la comunicación privada. Negro se decía y se escuchaba sólo entre conocidos; quien alegue no haberlo hecho nunca demuestra una hipocresía inverosímil. Negro, claro, es el modo de llamar a la población-gangrena, a su cultura y su sociedad de negros, a sus actividades económicas de negros. A su política de negros. Cosas de negros, se dice, se escucha en el calor de la casa, en las voces de la familia o de los amigos, apuntando hacia un afuera. Negros de mierda es un grito conocido. Habitual.

Sin embargo, inmediatamente se admite la no negritud de los negros. El problema no está en el color, está en el habla, en los gestos, en los modos. En el tono de la voz. No se usa negro, dice quien dice negro, porque se tenga algo contra los negros de piel. La piel, los rasgos visibles de los pobres, los marginados, los excluidos, no son negras. No son negros, pero son negros. El dilema se explica fácil.

Son negros de alma.

La duplicación es evidente. Se liga un fenotipo a una desviación (racismo clásico) que a su vez se vuelve una esencia espiritual trascendente, por estar fuera de la historia, en el caso de quienes no poseen ese rasgo. El pase de manos tiene su sentido. Aventuraremos un breve relato al respecto.

La invención de una tradición nacional ligada a la tierra y a las costumbres campestres es un producto de la reacción de la oligarquía local frente a las costumbres importadas por los inmigrantes europeos que inundaron las ciudades a comienzo de siglo. No sólo se trataba de nacionalizar a las masas a través de un mito fundante, de la conscripción obligatoria y de la escuela pública; había también que demarcar quiénes eran los argentinos de pura cepa y quiénes eran los intrusos. Es con la inmigración, y como reacción, que cuajan en un mismo punto la propiedad de la tierra diseñada por Roca, el ejército nacional y el escolarizado Martín Fierro (quizá la mayor operación política local lograda desde la crítica literaria, producto de las conferencias de Leopoldo Lugones por el Centenario). “Negros” en ese entonces eran los “gringos”. Habrá que esperar hasta mediados de siglo, hasta los aluviones de “cabecitas negras” en Buenos Aires, para que emerja el formato actual de segregación. ¿Quiénes son, entonces, nuestros negros?

El dato genético posee, en este caso, fuerza explicativa. Más allá de que los afroargentinos son una realidad que superó a la guerra del Imperio Británico y de Mitre, más de la mitad de la población argentina posee, entre sus ancestros menos o más cercanos, a un indio americano. O sea, se le dice negro al descendiente del indio. Se le dice negro al mestizo. Al descendiente de indio que se mudó a la ciudad. Se le dice negra a la piel trigueña que se quema o congela bajo el techo de chapa de una casilla de Santa Rosa de Lima, se le dice negro al hombre de linaje toba que vive entre los chanchos en el barrio El chaquito. Se les dice negros a quienes fueron a la campos de refugiados durante las inundaciones.

Se les dice negros a los expulsados de la tierra que cayeron en los márgenes de la ciudad. Y a sus hijos. Y a los hijos de sus hijos.

Minuciosamente, supimos suprimir a lo largo de las generaciones al reverso, profundamente obsceno, de la así llamada Argentina potencia, del granero del mundo. A uno de los reversos de ese ser nacional pastoril. Bajo el nombre de negro se marca el estigma, pero en el alma, y se produce, en la historia, el borramiento del pasado y la disolución de las acciones y las masacres pasadas y presentes. Los cuerpos de quienes llevan el gen indígena y de quienes son excluidos están superpuestos e incluidos bajo un nombre que borra su (milenaria) historia política. Esos cuerpos no pueden ubicarse ni en el linaje del indio ni en el linaje del explotado: no los hizo la historia del '30 ni el neoliberalismo. Son negros, y los negros son así más allá de las condiciones: llevan la desviación en el alma.

En seco: no los hizo la historia. Los hizo y hace el nombre (y el desplazamiento) que se les otorga. Están, por principio, excluidos del pueblo legítimo, aquel que tiene el derecho social de hacer la política, y del público raciocinante, aquel que puede opinar. Su lugar, su inclusión, es el de la población a controlar y a asistir con caridad de todo tipo. El destino de sus acciones no es el de fundar derecho; aquello que sea la norma establecida, sobre ellos ha de imponerse. Sobre ellos cae el poder ya constituido, fuera de ellos está el poder constituyente. No se trata de que el discurso racista establezca una división; la división existe y el discurso racista la constituye y la alimenta.

De allí el volumen analítico que habilita el posicionamiento explícito del vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina. El 21 de marzo, en radio Mitre, Hugo Biolcati defendió el corte de ruta con una indicación: hay que “mirar el color de la piel de los que están haciendo” el piquete para entender la naturaleza de su legitimidad. La genética naturaleza de su legitimidad. Eso es poder de síntesis.

Fin del relato.

Publicado en Pausa #4, viernes 6 de junio de 2008











sábado, 9 de octubre de 2010

POESÍA: Hugo Luna


Prefiero el silencio

Prefiero el silencio: en él
Caben todas las voces
Estuve sentado al borde de una acequia
Me repara aún lo que antecede
A su inquietud
Debo haber tenido una madre muda
Habrá sido la inspiración de su palabra
Lo que depositó en mí su sarro
La borra del silencio
Vuelvo a ser aquella falta, aquel
Modo en que lo que hay
Sólo puede ser oído por la ausencia
Completa oquedad
Soliloquio de la luz
En hermandad con la secreta sombra
El silencio revela su poder cuando los corazones
Pueden escucharse como las estrellas



De dónde

De dónde viene esta pausada nube
Si el viento va para otro lado
Si no hay en su cresta ni algodones
Ni rojos de sangre ni amarillos de arena
Qué hace todo este paisaje abstracto aún
Antes de recordar su forma
Dice más que el misterio lengüita orográfica
De sus quince conserva el encaje
Si la miro hace la mueca tolteca
Si la escucho entiendo lo que es el silencio
Ya no sé si está adentro o afuera
No sé si hay un afuera más allá de los árboles
Que se mueven con sus lenguas encendidas de verde
No sé si hay un adentro más acá de la nube
Que llega como en sueño
Con su historia del mundo y del agua aún blanca
De dónde viene de dónde esta nube pausada



Anotaciones: la mujer

La mujer entra o sale de la casa. La casa jamás quedará vacía. La casa es un vientre. “La casa se estrechó contra mí como una loba, y por momentos sentía su aroma descender maternalmente hasta mi corazón” dice Bachelar. La casa guardará el orden femenino sutil, la pipa –es decir su opuesto- será depositada en su caja, no la caja de la casa sino su caja propia como testimonio del efecto de la memoria. La mujer una vez grabó en humo lo que mejor perdura de una promesa. Ella es la promesa y será buscada deseada por los labios por el aire por lo que se ausenta.

La mujer es la madre. Ha trabajado mucho para ello. Mira a su hijo que no es precisamente su espejo. Sabe las diferencias. Recoge su cabello pero no es el único gesto reparativo que tiene con lo que cae, con lo que empuja el viento. Todo lo que hay en ella le pertenece. Por eso ofrece. Quien está frente a ella tiene que saberlo.

La mujer cruza lentamente la calle. No es una coquetería, es una templanza del tiempo. Muchas de las banderas que ahora son jirones sobre los cables, sobre las antenas, sobre las copas de los árboles, sobre los edificios derrumbados o nuevos, sobre los carteles comerciales, fueron estandarte. La mujer no termina nunca de cruzar la calle y en esa militancia, en ese traveling lento, reconstruye.

La mujer es lo que yo llamo la espalda. Sólo la espalda. Lennon decía que es el negro del mundo. Las cuestiones de género han dejado en el tiempo a la vieja Grecia y sus pensadores poco amables. Si el eje se corriera por un momento –lo que sería una vida y toda otra vida de trabajo- las cosas no serían antinómicas y no necesitaríamos una ley para que pudiera ocupar cargos públicos. La mujer le digo a la Lispector, a la Duras, a Alejandra Alejandra debajo estoy yo Alejandra. La mujer le digo a Nenúfar. La mujer le digo a lo que guardo en el silencio, no por el pudor de la privacidad, sino por la fragilidad de los corazones.

La mujer entonces, finalmente, inicia también la palabra. De un puro nacimiento, de prodigado cuerpo. La palabra la leche el amamantamiento. La primera palabra antes de que la palabra diera inicio a su fonética aventura. El lenguaje invocado por el latido. La mujer juntó del tendedero las sílabas que ha prestado al viento. La mujer ha estado mucho tiempo callada y antes de abrir todas las ventanas, todas las puertas, todos los grifos y las botellas y los mensajes y los asombros ha sentido un sigilo, una idea como un sigilo que nos llena de esperanza. La mujer cierta como el humo o la niebla. Bella como la luz del día.
















viernes, 8 de octubre de 2010

Todos los que matan a Matías


PSICOLOGÍA › UN CRIMEN REVELA RESPONSABILIDADES SOCIALES


Por Andrea Homene *


A Matías Berardi lo asesinaron, el martes de la semana pasada, según dicen hasta el momento los investigadores, los miembros de una familia que lo habían secuestrado para pedir 500 pesos de rescate: atrocidad injustificable que merece la más enérgica condena. Pero no fueron sólo ellos quienes terminaron con la vida de este chico de 16 años. A Matías lo asesinaron los vecinos, que lo vieron correr desesperado pidiendo ayuda pero, como era perseguido por otras personas que gritaban que les había robado (luego se sabría que eran sus secuestradores), no intervinieron para asistirlo.

También lo asesinaron los periodistas que instalan en el imaginario del público la idea de que los jóvenes son los responsables de todos los problemas de inseguridad. El remisero que no dudó en huir cuando vio al joven acercarse a su automóvil con intenciones de abordarlo también lo asesinó.

Lo mataron además quienes vieron cómo Matías era finalmente interceptado por un automóvil, subido a golpes, y no hicieron nada para evitarlo. También lo mató la policía, que alertada “porque un menor intentó asaltar a un remisero y luego fue subido a un auto”, hizo un breve recorrido por el barrio y se retiró. A Matías lo mató la clase media, que construye bunkers rodeados por doble alambrado electrificado para subrayar las diferencias entre un adentro habitado por los buenos ciudadanos y un afuera infectado de “malvivientes”.

Matías murió por ser un adolescente. Cargó, por un instante breve y fatal de su vida, con el estigma que cargan miles de adolescentes como él, que continuamente son agredidos, despreciados, maltratados, humillados, por los buenos ciudadanos que pagan sus impuestos y que reclaman airadamente bajar la edad de imputabilidad, endurecer las condenas (como si ser un adolescente de clase baja sin futuro ni ilusiones no fuera condena suficiente), que no salgan nunca más de la cárcel.

Existe otro Matías. Lo conozco. Está cumpliendo una probation. No vive en un barrio privado, no juega rugby, no asiste a un colegio bilingüe. Es morocho. Todos los días sale a vender productos de limpieza por la calle. Y casi todos los días la policía lo para, lo obliga a ponerse contra la pared, le hace abrir las piernas, someterse a la requisa, abrir su mochila, dejar caer su mercadería, soportar que se la pateen y juntar lo que queda de ella sin decir una sola palabra, porque, al menor atisbo de protesta por el atropello, pueden llevarlo a la comisaría por “resistencia a la autoridad”. Cualquier conflicto le haría perder la probation y podría derivar en su detención. El sabe que no puede reaccionar ante el funcionario policial; no puede defender su derecho a querer darle un curso diferente a su vida, a ganar honestamente el sustento de su familia. Debe callar y juntar del piso su mercadería pisoteada.

Los que creyeron que el otro Matías era un ladrón consideraron justo que fuera perseguido por sus presuntas víctimas y empujado al interior de un auto. A nadie se le ocurrió que, aun cuando hubiera cometido un delito, debía ser protegido de la persecución justiciera. Es más, si hubiera sido un ladrón, y sus víctimas, como ha sucedido, hubieran hecho “justicia” por mano propia, el discurso social ante la muerte del chico hubiera sido muy diferente. Los homicidas hubieran sido considerados casi como héroes. Difícilmente se hubiera establecido su responsabilidad y en el caso de que fueran identificados, un buen abogado habría logrado probar el “estado de emoción violenta” y así la inimputabilidad.

El otro Matías trata de sobrevivir en un medio que le es hostil y, cuando le pregunto qué necesita, contesta: “Una vida nueva”. Con este Matías, intentamos aún reparar todo el daño que se le ha hecho; que pueda algún día ilusionarse, desear, imaginar una vida en la que pueda andar libremente por la calle, trabajar, ir a bailar, sin tener que agachar la cabeza cuando la mirada del otro le dirige desprecio y burla.


* Psicoanalista. Perito psicóloga en una defensoría oficial del conurbano bonaerense.

Jueves, 7 de octubre de 2010















viernes, 1 de octubre de 2010

INTERNACIONALES:
ECUADOR


Luego de rechazar cualquier tipo de negociación con sus secuestradores, Rafael Correa fue liberado por el Ejército leal
 Rápida reacción internacional
Los uniformados ocuparon el principal regimiento policial de Quito. Correa fue hasta el lugar y desafió: "Señores, si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo si les da la gana". Luego debió ser internado por los gases lacrimógenos tirados a su alrededor.
Durante una comunicación con la televisión pública desde el hospital donde lo mantenían retenido, el presidente de Ecuador había afirmado que "el operativo de rescate" ya estaba listo pero que no había querido dar la orden de asalto para evitar derramamiento de sangre. Ratificó que de allí lo sacarían "cadáver o Presidente".
El jefe de Gabinete, Venicio Alvarado, confirmó que el canciller, Ricardo Patiño, a pesar de haber sido golpeado por el cerco policial, logró ingresar al hospital donde se encontraba retenido Correa, quien volvió a denunciar "un intento de golpe de Estado de un grupo de policías, víctimas de una formidable campaña de desinformación", apoyado por un sector de la Fuerza Aérea, que ocupó el aeropuerto internacional de Quito.
Correa acusó por Radio Nacional a sectores opositores cercanos al ex mandatario Lucio Gutiérrez por la asonada. El Gobierno declaró el estado de excepción y dispuso que las Fuerzas Armadas se hagan cargo de mantener el orden público.
Los presidentes de los países que integran la Unasur, mientras tanto, se reunirán de emergencia esta noche en Buenos Aires. Alvarado reconoció la gravedad de lo ocurrido pero limitó el enfrentamiento a "una iniciativa criolla, expertos en desinformación". El presidente boliviano Evo Morales, al llegar a Buenos Aires, calificó el alzamiento como "un golpe a toda Latinoamérica" y adelantó que le propondrá a sus pares de la Unasur viajar mañana a Quito para respaldar al gobierno constitucional.
 
Desde la Casa de Gobierno y frente a una multitud, Correa afirmó que fue "es un día de profunda tristeza" para Ecuador. Lamentó que se hubiera derramado sangre de "nuestros hermanos" por un grupo de "desquiciados, que avergüenzan a la policía nacional". Brindó detalles acerca de su cautiverio, luego de haberse acercado voluntariamente a dialogar con los uniformados descontentos y defendió la nueva Ley de servicio público, "que nos permitirá terminar con las prebendas" de un sector privilegiado de la población. Acusó "a los conspiradores de siempre, que han tergiversado todo para obtener por la fuerza lo que no consiguen por las urnas". "Pero el Presidente no ha claudicado, y cuando me extorsionaban les contesté que no perdieran el tiempo, que saldría del Hospital como presidente de una República digna o como cadáver." Más adelante agradeció la solidaridad de todos los presidentes latinoamericanos y de sus colaboradores y afirmó que "la ley no será revocada". Por último exhortó a defender "nuestra revolución ciudadana con más convicción". Los presidentes de los países que integran la Unasur, mientras tanto, se reunieron esta noche en Buenos Aires. El presidente boliviano Evo Morales, al llegar a la Argentina, calificó el alzamiento como "un golpe a toda Latinoamérica" y adelantó que le propondrá a sus pares de la Unasur viajar mañana a Quito para respaldar al gobierno constitucional.
La sublevación de unos dos mil policías ecuatorianos y algunos efectivos militares provocaron el caos en Ecuador, donde el presidente Rafael Correa, se declaró "secuestrado" por los insurrectos en el Hospital Policial de Quito, y los instó a deponer su actitud para poder negociar. A las 20,30 (22,30 de Argentina) Correa seguía dentro del hospital, donde estuvo "secuestrado" por los sublevados, según sus propias palabras, y se esperaba que de un momento a otro saliera para dirigirse al Palacio Carondelet, donde lo aguarda una multitud.
Los policías se amotinaron desde la mañana en el Regimiento de Quito, el principal cuartel del país, en protesta por la Ley de Servicio Cívico, sancionada ayer, por la que se modifican algunos beneficios salariales de esa y otras fuerzas armadas. La actitud policial se expandió a otras dependencias del país, y generó igual reacción en algunos miembros de tropas regulares, entre ellos de la Fuerza Aérea, que en principio tomaron la pista del aeropuerto de Quito.
El amotinamiento provocó que los bancos y comercios cerraran sus puertas ante eventuales saqueos, mientras se suspendieron los vuelos locales e internacionales y las clases en las escuelas. El Poder Ejecutivo declaró el estado de sitio en todo el territorio por el término de una semana, y delegó el control de la seguridad en las Fuerzas Armadas.
Poco después de ser informado del motín, Correa acudió al Regimiento Quito para intentar dialogar con los sediciosos pero fue agredido por los policías con gases lacrimógenos, según relató el propio mandatario, desde el hospital policial, hacia donde fue trasladado luego del ataque.
Antes, desde una ventana del Regimiento, Correa se quitó la corbata y se abrió la camisa para mostrar que no llevaba protección antibalas, y dijo que no dará marcha atrás en la Ley de Servicio Público. Ya desde el hospital, el mandatario declaró a Radio Nacional que la actitud de la policía "va más allá de un simple reclamo", y atribuyó la rebelión a "un intento de golpe de Estado de la oposición", producto de "una conspiración que se viene preparando desde hace tiempo".
Lo mismo declaró por la noche, cuando seguía en el hospital, ya que un cerco de policías sublevados impedía su salida, por lo que el mandatario se consideró "secuestrado". Correa informó entonces que recibió por la tarde a tres comisiones de los policías insurrectos, a las que les manifestó que "no negociará absolutamente nada" mientras no depongan su actitud. El mandatario aclaró que de los 42 mil efectivos que tiene la Policía Nacional sólo unos dos mil están involucrados en la sublevación, actitud que calificó como "desquiciada, irracional y absurda". cusó a "la prensa corrupta" de distorsionar la información acerca de la Ley de Servicio Civil aprobada ayer y atribuyó a esas distorsiones la reacción de un grupo de policías, a los que consideró mal informados acerca de la norma.
Correa informó, además, que "el operativo de rescate" de la crisis generada por la insurrección de los policías "está listo hace rato", pero que no dio aún la orden de inicio "para permitir que estos insensatos recapaciten". No obstante, advirtió que "los cabecillas de esta traición serán sancionados", y abogó porque este episodio "nunca más vuelva a ocurrir en esta república".
El apoyo a Correa y a mantener la continuidad del estado de derecho se manifestó de inmediato tanto por parte de la ciudadanía, que se congregó en las inmediaciones del hospital, como del resto de las instituciones democráticas y de la comunidad internacional. Los manifestantes, que intentaban llegar hasta el lugar donde estaba Correa, fueron atacados por los policías sublevados con gases lacrimógenos, enfrentamiento que causó al menos un muerto y un número indeterminado de heridos, según informó en conferencia de prensa el ministro de Seguridad Interna y Externa de Ecuador, Miguel Carvajal.
La cúpula militar, a través de un comunicado, leído por el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, Ernesto González, emitieron a poco de iniciado el motín policial un comunicado en el que manifestaron su "respeto al estado de derecho" y llamaron a la policía nacional a deponer su actitud de insubordinación. La misma actitud adoptaron casi de inmediato la Corte Nacional de Justicia, Asamblea Nacional, Consejo de Participación Ciudadana, Tribunal Contencioso Electoral, Fiscalía, Contraloría y Procuraduría, principales instituciones democráticas de Ecuador, manifestaron su apoyo al presidente y llamaron a los policías insubordinados a "deponer actitudes" a través del diálogo por los "canales democráticos".
La crisis motivó una convocatoria urgente a una reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), que en una resolución condenó el intento de golpe de Estado y manifestó su preocupación por la insubordinación policial. La Unión Suramericana de Naciones (Unasur) también convocó a una reunión de presidentes de los países del bloque en Buenos Aires, hacia donde esta noche viajaban los mandatarios para celebrar mañana el encuentro. La solidaridad llegó vía comunicados, declaraciones de voceros oficiales y llamados telefónicos a Correa, desde todos los países de América latina, la Unión Europea, Estados Unidos y las Naciones Unidas.
El vicecanciller ecuatoriano, Kintto Lucas, destacó la preocupación mundial por la crisis y aseguró que su gobierno acudirá a todas las instancias internacionales para evitar que se consume un golpe de Estado. Lucas señaló que han recibido el pronunciamiento "de todos los presidentes de América latina prácticamente", así como de naciones europeas y de grupos como la OEA y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en respaldo a la democracia.
En declaraciones a Radio Nacional, realizadas desde el hospital, Correa sugirió que detrás de la sublevación hay opositores, y se consideró "traicionado" por esos policías, "que no son todos los de la fuerza". "Es un intento de golpe de Estado de la oposición y son ciertos grupos enquistados en Fuerzas Armadas y la Policía que siempre estuvieron, básicamente grupos de la Sociedad Patriótica (el partido de Lucio Gutiérrez)", acusó Correa. "Es clarísimo de dónde viene este intento desestabilizador", añadió el mandatario.
 
 
 
Correa afirma que policías sublevados eran infiltrados de Lucio Gutiérrez
Correa agradeció al pueblo ecuatoriano por su apoyo
TeleSUR 30/09/10
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, aseguró que los policías que se sublevaron este jueves contra su Gobierno y lo mantuvieron secuestrado por más de 10 horas, eran infiltrados al servicio del ex presidente, Lucio Gutiérrez.
"Pronto se descubrió (...) ahí salieron los verdaderos motivos 'nadie ha subido los sueldos como gobierno de la Revolución Ciudadana', me gritaron: '¡Mentiroso, fue Lucio (Gutiérrez)!'. La gente de Lucio, infiltrada, incitando a la violencia, ¡Cuanta irresponsabilidad!", dijo Correa en su primera aparición pública desde que inició la intentona para derrocarlo.
"Tuvo que ir el Ejército a rescatarnos (...) hay muchos infiltrados de partidos bien conocidos que quieren conspirar", agregó.
Ratificó que la ley de Servicios Públicos, aprobada la noche del miércoles y que era, según los rebeldes, la única causa de sus acciones, no será derogada.
"Por supuesto la Ley no será revocada. Con el diálogo todo, con la fuerza nada", dijo.
"Los cancilleres están trabajando en el planteamiento del SICA, todos lo vamos a apoyar" aseguró, al tiempo que dijo que todo el mundo respalda a Correa y la democracia de nación andina.
Por otro lado, subrayó que desconoce si existe alguna conexión entre los grupos de desestabilizadores que han intentado llevar un golpe de Estado en Bolivia y Guatemala, en años anteriores.
Manifestó que apoya a Rafael Correa, quien se encontraba secuestrado en el Hospital Metropolitano de la Policía, en Quito, la capital ecuatoriana.
A Correa "lo vamos a apoyar hasta las últimas consecuencias", aseguró el jefe de Estado guatemalteco, quien además dijo que no permitirán que los fusiles se apropien del Estado de derecho.
En cuantos a las acciones a tomar, señaló que en una primera fase se llevó el pronunciamiento de organizaciones multilaterales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y espera que el Grupo de Río también lo haga.
A su juicio, debido al golpe de Estado de Honduras y a este intento en Ecuador se ha luchado por el fortalecimiento de mecanismos multilaterales.
"Hemos estado luchando para fortalecer los mecanismos multilaterales, para hacer más contundente esto se va a fortalecer la Carta democrática de la OEA, para evitar que dinosaurios del pasado puedan quitarle a los pueblos su carácter democrático", aseguró.
A criterio de Colom, la unidad de Latinoamérica apuesta por la democracia, "pese a los dinosaurios que todavía piensan en un golpe mediático, de mercado para justificar y dejar a nuestros países pobres".
Correa explicó que, con la aplicación de la Ley de Servicio Civil, por la que protestaban los policías, se evitan los a busos, aprovechamientos de "bonos espirituales, sobresueldo cada tres meses", por lo tanto el Gobierno prohíbe ese tipo de barbaridades.
"Prohibimos todos esos bonos, canastas, condecoraciones. Lo prohibimos", reiteró.
Subrayó que los efectivos de la Policía Nacional, antes de la llegada de la Revolución Ciudadana, ganaban unos 250 dólares. Ahora "el policía que menos gana, gana 700 dólares, sin necesidad de bonos".
Sobre los señalamientos de los policías que le secuestraron, Correa indicó que los uniformados rebeldes le manifestaron que "no se han tomado en cuenta sus condiciones especiales de trabajo", y dijo que "es todo lo contrario, porque es la primera vez que un Gobierno reconoce beneficios a los funcionarios".
"Por primera vez se toman en cuenta, en el artículo 115, por primera vez se reconoce para la Fuerza Armada, policías, bomberos, sus horas extras, jornadas especiales y remuneraciones".
Rechazó que los policías no hayan leído la ley antes de sublevarse, en este sentido, el presidente Correa culpó a los conspiradores por manipularlos.
"La culpa la tienen los conspiradores de siempre, a través de los email (correos) que mandan tergiversando todo para ver si con la conspiración logran lo que no logran en la urnas", aseveró.
Expresó sentirse profundamente triste por la pérdida de vidas, y pidió un minuto de silencio por los fallecidos en el operativo que lo rescató.
"Los conspiradores de siempre secuestraron al Presidente y para liberarlo han caído hermanos ecuatorianos. Es un día de profunda tristeza que jamás creí que iba a llegar en mi gobierno de paz (...) la Policía que ha sido manipulada les pido empezar la reunión haciendo un minuto de profundo silencio", por los caídos.
Reiteró que los policías alzados no son todo el cuerpo, sino sólo unos pocos.
 
Relato de un valiente
El canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, relató a los medios de comunicación de su país cómo se aproximó a las inmediaciones del Hospital Metropolitano de manera pacífica para rescatar al presidente Correa, junto a miles de personas.
''Miles de gases lacrimeógenos y finalmente con la mayor tranquilidad con una actitud pacífica llegamos hasta las puertas del hospital y miles de personas'', afirmó.
Explicó la forma violenta y agresiva como fue recibido en el centro de salud, donde los policías sublevados mantenían secuestrado al líder ecuatoriano.
''Dije que yo voy a sacar al Presidente, nos respondieron con gases lacrimógenos, a mí me pegaron en la cabeza'', declaró.
 
 
Venezuela advierte que golpe en Ecuador fue fabricado en un laboratorio de EE.UU.
El vicepresidente llamó a los venezolanos a movilizarse a favor de la democracia en Ecuador
TeleSUR 30/09/10
El vicepresidente de Venezuela, Elías Jaua, aseguró este jueves que el conflicto en Ecuador no es una simple manifestación de la Policía Nacional sino "es otro golpe de Estado de laboratorio" de Estados Unidos.
"No es una huelga de policías, sino es otro golpe de Estado de laboratorio del Departamento de Estado de Estados Unidos", sostuvo el vicepresidente venezolano durante un acto público con el embajador de Ecuador en Caracas, Ramón Torres.
Jaua anunció una vigilia permanente a las afueras de la legación diplomática ecuatoriana hasta que triunfe el pueblo, que se encuentra en las calles para intentar liberar al gobernante ecuatoriano, Rafael Correa.
"El comandante en jefe (presidente venezolano, Hugo Chávez) ha pedido que el pueblo venezolano se mantenga en vigilia", declaró.
Chávez llamó a "mantener la movilización en toda las ciudades del país, en respaldo incondicional" a los ecuatorianos.
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 29 de septiembre de 2010

PINTA TU ALDEA


Por Santiago Giordano

El Cuchi Leguizamón cumpliría hoy 93 años, y el lunes pasado se cumplieron diez de su muerte. El compositor y pianista Guillermo Klein y uno de los hijos del creador salteño, Delfín Leguizamón, hablan de Domador de huellas, un disco que aborda la obra del autor de “La pomeña” desde otro lugar, donde el jazz y las vanguardias se dejan encantar por la gracia del folklore.

 GUILLERMO KLEIN Y DELFIN LEGUIZAMON HABLAN DE DOMADOR DE HUELLAS

"Cada tema del Cuchi es una reflexión, una tesis”

Uno de los compositores argentinos con mayor reconocimiento internacional y el tercero de los cuatro hijos de Gustavo “Cuchi” Leguizamón coinciden en la vigencia artística del creador salteño. Klein y su banda presentarán hoy el CD, con Liliana Herrero como invitada.

Guillermo Klein y Delfín Leguizamón

La charla trae los temas de siempre. Esos argumentos que surgen naturalmente a medida que se modelan conversaciones que parecen iniciadas –acaso sea así– hace mucho y muy lejos. Son las 9 de la mañana de un normal día agitado; en un bar de Palermo, Delfín Leguizamón y Guillermo Klein conversan sobre Gustavo “Cuchi” Leguizamón. El tercero de los cuatro hijos del músico, junto a uno de los compositores argentinos con mayor reconocimiento internacional, evoca a un creador tan arraigado a la tierra que lo circundaba como pertinaz perseguidor de lo que estaba más allá. A quien sin romper su aura proyectó la zamba, de la certeza de la danza al horizonte de las preguntas que no esperan respuesta. A un músico que ante la relatividad de los adjetivos convendría reconocer, simplemente, como único e irrepetible. Se habla del Cuchi. Entonces, inevitablemente, en la charla resuenan los argumentos del tiempo y sus paisajes, la muerte, la ética, la justicia, la poesía, los bueyes perdidos y los robados. Y la música, claro. O mejor dicho las músicas, que se llaman Duke Ellington o Thelonius Monk o Eric Satie o Los Fronterizos o un coplero anónimo.

Hoy el Cuchi cumpliría 93 años; el lunes pasado se cumplieron diez desde su muerte. Más por la epifanía de otro cumpleaños que por el rito necrológico del número redondo, esta noche a las 21 en el Teatro IFT (Boulogne Sur Mer 549), Klein presentará junto a su grupo Base de Nave y la cantante Liliana Herrero, el disco Domador de huellas. Se trata de un trabajo publicado en Argentina por Limbo Music (distribuido por Acqua Records) y en Estados Unidos por Sunnyside Records, en el que el pianista y compositor escucha la música de Leguizamón desde otro lugar, donde el jazz y las vanguardias históricas de la música escrita se dejan encantar por la gracia del folklore. Como hiciera el mismo Leguizamón en su momento, Klein impulsa ahora el más allá, en la misma dirección ética y estética. Con él estarán el saxofonista Miguel Zenón y el pianista Aaron Goldberg, que llegan desde Nueva York para este homenaje (ver aparte).

La calma se ciñe a la mesa, en contraste con el vértigo ciudadano que la roza con bocinazos y la película acelerada de los transeúntes. Delfín desparrama las hojas de coca sobre la mesa. Klein fuma y con poco fervor por acertar en el pronóstico mira al cielo anunciando que a la tarde podría llover. “Y sí... el Cuchi decía que Buenos Aires lo limitaba como artista”, suelta Delfín, psicólogo, nacido en Salta y radicado en la ciudad de Buenos Aires desde hace mucho. “El no hubiera podido vivir en otro lugar que no fuera Salta –continúa sobre su padre–. Venía a Buenos Aires, estaba unos días y se volvía. Le encantaba vivir donde nació, seguramente porque ahí podía moverse con absoluta libertad. El Cuchi hablaba del tiempo enloquecido de los porteños y en términos musicales lo comparaba con los de la gente del interior y su manera de hablar. Notaba que los cordobeses tienen una entonación que responde a un modo de sentir el tiempo, los salteños la suya, y así cada uno...” “Yo siento que el tiempo se va en arreglar lo que se construyó”, interviene Klein. “Fijate que al fin y al cabo, si fuese así, estaría bueno –replica Delfín–, pero acá no se arregla lo viejo, sino que se construye otra cosa en su lugar. Ese desprecio por la historia es terrible”.

Gustavo "Cuchi" Leguizamón


Seguramente Klein es uno de los músicos que con más originalidad y desparpajo leyeron la obra de Leguizamón. Concretamente, su relación con la música –y la poesía– del salteño nació tras un encargo de Adrián Iaies para el Festival de Jazz de Buenos Aires de 2008. “Cuando empecé a recoger temas del Cuchi me di cuenta de que ya los conocía, pero no sabía que eran de él”, cuenta Klein. “Conseguí partituras, grabaciones y empecé a ver lo que había en YouTube. En general me llamó la atención lo estandarizados que estaban los temas y las interpretaciones, excepto el disco de Juan Falú y Liliana Herrero –Leguizamón-Castilla (2000)–, más jazzero que mucho jazz que anda dando vueltas por el mundo. Así fueron saliendo algunas ideas, empecé a crear mi propio Cuchi. En ningún momento pensé hacer folklore, el diálogo se dio directamente con la música del Cuchi, y enseguida me di cuenta de que era muy parecida a la de Duke Ellington: generosa y sensual, pero también lúdica.” “Es muy linda esa idea de ‘música generosa’ –interviene Delfín–. Una música que te permite ir a cualquier lado con ella, sólo hay que animarse y conocerla. La transmisión no necesariamente tiene que ser generacional, tampoco se produce por ósmosis: necesita un valiente que salte y alguien que del otro lado la interprete. Nietzsche dice que cada uno se inventa un padre, el padre que puede. Yo tuve problemas en inventarme uno, porque el mío ya estaba inventado.”

Delfín destaca que desde un primer momento quedó encantado con el trabajo de Klein, por el respeto y el cariño que muestra hacia la música del Cuchi. “No deja de sorprenderme cómo viniendo de otro lugar fue capaz de pescar esos instantes decisivos de la música del Cuchi y hacer de eso belleza y emoción”, dice. “Cuando Guillermo me contó el nombre que le pondría al disco, jugamos un rato sobre qué significaba ser domador y qué simbolizaba la huella. Días después le mandé una cosa que escribí. El la incluyó en las notas del disco y eso, además de honrarme, me permitió algo que es muy difícil para el hijo de un genio como fue el Cuchi. En una época hablaba de mi tata y del Cuchi, como si fueran dos cosas distintas; acá pude expresar mi admiración por la obra de un artista que por otro lado es mi tata. Los pude juntar.”

“Zamba de la viuda”, “Coplas del regreso”, “La pomeña”, “Cartas de amor que se queman”, “Zamba de Lozano”, “De solo estar” y “Maturana” son algunos de los temas incluidos en el disco que en agosto se presentó en el Village Vanguard, uno de los santuarios del jazz moderno, y que esta noche completará su periplo de Nueva York al Abasto. “Si bien hay una idea de obra, cada tema es una reflexión, una tesis –asegura Klein–, como deben haber sido para el Cuchi en el momento de componerlos.” “También está ‘La mulánima’, una zamba que es muy linda, a la que nunca se le dio bola –agrega Delfín–. Cuando se la pasé a Guillermo, enseguida entendió que mis ganas eran las ganas del Cuchi. Y se hicieron sus ganas. La única dirección que el Cuchi tenía como creador era el deseo. Su dimensión no era aprender o enseñar, él decía que a la música la trabajaba. Su lógica era la atracción y para eso no necesitaba del orden escolástico. Cuando estaba ya muy enfermo, en un reportaje le preguntaron cuál era su relación con la tierra y contestó: ‘¡Yo me la como a la tierra! Soy como rococo sediento de un río crecido de zambas’.” “Es la pasión de las ideas –agrega Klein–. Como Stravinsky, que estudió orquestación con Rimsky Korsakov, después hizo la Consagración de la primavera y otros ballets y mientras los componía aprendía qué estaba haciendo. El neoclasicismo es él estudiando la tradición clásica, ¡eso es mortal! En ese lugar lo veo al Cuchi y yo soy igual: si quiero estudiar Messiaen lo escucho y escribo lo que escucho. En esa visión, que seguramente es sesgada, está la originalidad.”

Lejos de romperla para superponerse a ella, Klein exalta la música del Cuchi. La espera ahí, donde es capaz de llegar sola y la celebra. Gestos que descienden del minimalismo, un refinado gusto por el contrapunto que se traduce en un fluido diálogo instrumental, una búsqueda armónica que más allá de sus excursiones cromáticas balancea las formas y el respeto por melodías que efectivamente no necesitan nada más se combinan en su reflexión apasionada. Fascinado por esa naturaleza prodigiosamente melódica, en la introducción de “Chacarera del zorrito” Klein transcribió la entonación natural del Cuchi mientras hablaba, es decir su tonada. “No me podía explicar cómo llegaba el Cuchi a decidir esos saltos con que arma sus melodías, hasta que descubrí que esos intervalos de séptima, por ejemplo, estaban en la melodía natural de su manera de hablar”, cuenta. “El tipo tenía innato lo que la tradición musical evitó hacer durante mucho tiempo y lo integró a su música, para que suene con el acento de su gente. Eso es extraordinario.”

“Encontrarme con la música del Cuchi fue un impacto muy fuerte –concluye Klein–. Me hizo repensar la intimidad entre melodía y palabra. También me llevó a replantearme el espacio de la improvisación en el tema, de qué debería tratarse, para qué esos solos eternos, por qué es importante plantear bien una melodía. Yo vivo con una sensación de angustia respecto de lo que tengo adentro, hasta que logro exorcizarlo en una obra. Hacer lo del Cuchi fue descubrir un universo fascinante, que incorporé y seguirá conmigo el resto de mi vida. Inclusive después de este homenaje.”

Miércoles, 29 de septiembre de 2010