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jueves, 19 de noviembre de 2009

VERDE que te quiero VERDE:
Cómo deben tirarse las pilas para no contaminar



La educación nos compete a todos, el cuidado del planeta es un deber insoslayable que todos necesitamos cumplir. No tirar las pilas a la basura como normalmente lo hacemos debido a que una sola pila de las que utilizan los relojes de pulsera puede contaminar el agua de una pileta olímpica.

Las pilas no deben ser arrojadas a la basura, pues se debe evitar que toquen el suelo, ya que de esa forma pueden contaminar las napas de agua. Son consideradas muy tóxicas las pilas tipo botón, es decir, aquellas que se utilizan en los relojes. Por ejemplo, si estas pilas se tiran con la basura y alcanzan las napas de agua, pueden contaminar 600.000 litros del agua que muchas personas beben.


1- Para realizar el cementado de pilas, estas son guardadas dentro de una botella de plástico. Luego, dentro de la botella se pondrá aserrín seco, que cumplirá la misión de colchón absorbente y se tapará la botella.

2- Las pilas encapsuladas serán introducidas en un molde, y no deben pasar la capacidad del mismo.

3- Este molde será llenado con cemento, a fin de guardar las pilas dentro de este.

Se puede hacer de una manera mas sencilla llenando la botella con pilas y luego con agua y enterrandolas. De esa manera el agua absorbe el acido que la pila larga, y no contamina.

Si bien hasta el momento no existen centros de reciclado de las pilas, hay métodos que permiten que estas no contaminen el ambiente.

Las pilas y baterías de los celulares no deben ser incorporadas a las bolsas de residuos domiciliarios, porque no se debe permitir que estas tomen contacto con el suelo, por sus contenidos de materiales tóxicos que contienen.

Hay métodos considerados como sistemas de reciclado, que es aislando las pilas de tal forma que no permitan la salida de su contenido.

En el Parque Ecológico Itá Enramada, se realiza la recolección y posterior cementado de pilas, que la gente puede ir dejando en el lugar determinado para su recolección.

El italiano Alessandro Volta, inventor de la pila, señalaba que su invento sería muy útil para la humanidad, pero que con el tiempo podría ser dañino para el ambiente.

La mayoría de las personas tiran las pilas como una basura más, sin embargo las mismas deben ser seleccionadas, apartadas y envasadas convenientemente para luego ser llevadas a un lugar como el de centro de recolección de Itá Enramada.

Esto podría realizarse en cualquier municipio, ya que el sistema es demasiado sencillo.

Tal como lo hicieron municipalidades de otros países, que con la colaboración de la comunidad hacen "Bancos Ecológicos". Esta metodología está siendo implementada por la Cooperativa Universitaria, a fin de que sus socios y amigos puedan sumarse al emprendimiento.


Conciencia

Es importante crear conciencia sobre este tema, pues lo que hoy vemos como una simple pila que no sirve, en el futuro será la herencia que le dejamos a nuestros hijos, dentro de un planeta que necesita del trabajo de todos para seguir viviendo.

Se estima que en Paraguay llegan al año unas 120 toneladas de pilas de todo tipo.


El proceso

Para realizar el proceso de cementado de pilas, primeramente las mismas son guardadas dentro de una botella de plástico de gaseosa de 1 ó 2 litros o el tamaño que se desee, que se denomina encapsulado de pilas.



Luego dentro de la misma botella donde se encuentran las pilas, se pone aserrín seco, que cumplirá la misión de colchón absorbente y posteriormente se tapará la botella; este proceso puede hacerse en la misma casa u oficina, antes de traer las botellas con pilas hasta el Parque Ecológico.

Luego de guardar bien las pilas dentro de las botellas, estas son introducidas dentro de un molde, el cual será llenado con cemento, a fin de encriptar las pilas dentro del material.



En otras palabras, lo que se hace es aislar el elemento, pero el compuesto sigue estando presente, por lo que se convierte en un "pasivo ambiental".





Su utilidad

Los bloques de cemento pueden ser utilizados como base de caminos (toda vez que se les dé el debido tratamiento), ya que pueden ser guardados bajo la capa asfáltica a unos 3 metros de profundidad, sin correr el riesgo de que con el tiempo puedan romperse, y de esta forma volver a dejar que los componentes tóxicos de las pilas lleguen hasta el suelo de la tierra.

Hacer bancos y mesas que pueden ser donados a plazas, colegios o instituciones como hospitales.


Saber que hacer

Es importante saber que si las pilas se acumulan en los vertederos, con el paso del tiempo estas perderán sus carcasas y se vierte su contenido, compuesto principalmente por metales pesados como el Mercurio, Cadmio, Litio y otros.

Estos metales, infiltrados desde el vertedero, acabarán contaminando las aguas subterráneas y el suelo y con ello se introducirán en las cadenas alimentarias naturales, de las que se nutre el ser humano y los animales.

Si se incineran, las emanaciones resultantes darán lugar a elementos tóxicos volátiles, contaminando el aire.

Lo ideal sería la recogida selectiva de las pilas usadas en contenedores específicos y su tratamiento adecuado.

Esto constituyen la solución más lógica y más respetuosa con el ambiente.


En otros países

* En Suecia, desde 1986 se hace recolección de pilas.

* En Suiza se consideran residuos peligrosos. Está prohibido enterrarlas o depositarlas en rellenos sanitarios, ya que se recupera el mercurio, el zinc y el manganeso para ser reciclados. Además, se alienta el uso de aparatos con pilas recargables con un descuento del 10%, y una etiqueta con el símbolo ISO que alerta al consumidor sobre la peligrosidad de las pilas recordando que una vez usadas deben retornar al punto de venta.

* En Austria, desde 1991 está prohibido arrojarlas con la basura común.

* En España, desde 1993 ya no se fabrican pilas con alto contenido de mercurio.

* En Alemania, obligan al fabricante y al comerciante a reciclarlas desde 1993.

* La Asociación Europea de Fabricantes de Pilas Secas (Europile), que representa a varias compañías, llevó a cabo un programa de reducción gradual de uso del mercurio. Desde 1994 ya no fabrican pilas con dicho metal pesado.

La inmoralidad como doctrina de gobierno


Miércoles, 18 de Noviembre de 2009

(APe).- En los años de la dictadura militar, un joven de familia adinerada -su padre era propietario de una conocida firma de artículos para el hogar- repartía sus horas entre la motonáutica y los amoríos con distintas muchachas, del ambiente de las agencias de publicidad, los canales de televisión o el ramo del comercio y los artículos para el hogar.

Aquel joven de familia adinerada, burlando cualquier código de planeamiento y seguridad, había mandado a construir en el Abasto, uniendo a modo de puente dos departamentos en altura, un gabinete especial para agasajar a sus amistades, una suerte de anexo amatorio en donde beber, bailar y disfrutar de la suerte de ser un niño rico a cualquier hora y en cualquier estación, mientras allá abajo las patrullas legales o ilegales del Estado se ocupaban de limpiar las calles y las casas de jóvenes militantes o rebeldes cuyo pecado final había sido querer terminar con la injusticia.

Cierta madrugada, el anexo amatorio del niño rico, construido contra todas las reglas, ardió y se desplomó desde varios metros de altura, en ausencia de su dueño. El encargado de uno de los edificios, que quiso sofocar el incendio, pereció en el intento. Los bomberos, la policía y el forense, ante las ruinas humeantes del anexo amatorio, se preguntaban cómo había podido permitirse a alguien satisfacer un capricho tan absurdo y riesgoso. Y la respuesta invariable era: “el que tiene plata, hace lo que quiere”.

Los diarios de la Capital publicaron de manera discreta la noticia, sin nombrar a los responsables directos de la tragedia (al fin y al cabo, la red de complicidades que la había permitido era tan vasta que podían verse involucradas la Policía, la Municipalidad e incluso algunas empresas anunciantes). Muy pronto el expediente fue archivado y sepultado, para evitar que la carrera empresaria o deportiva del niño rico se viera afectada.

La pequeña historia -una pequeña historia de inseguridad ciudadana e impunidad, como tantas que conocemos- no vendría a cuento si no fuera porque aquel mismo joven adinerado de los ’70, reconvertido en dirigente político en los ’90 y ungido gobernador de la provincia de Buenos Aires en esta década, lanzado a un plan reeleccionario y buscando la complacencia de los ricos y famosos, ha presentado en la Legislatura bonaerense un proyecto de reformas a la ley 13.364 (Código de Faltas) que implica una regresión de 100 años -así lo han manifestado los más respetables juristas-, además de una violación expresa de varias garantías constitucionales.


El Estado policial-mafioso




“Con el nuevo Código -leemos en una denuncia de organismos de DDHH y organizaciones sociales- se podrá meter presos a vagabundos, mendigos, ‘merodeadores’, borrachos, trapitos o cuidacoches, limpiavidrios, vendedores ambulantes sin autorización, intérpretes de sueños, parapsicólogos, travestis y trabajadoras sexuales”.

"Asimismo, apunta al corazón de la democracia, reprimiendo las manifestaciones públicas: se podrá detener a los que participan en marchas o reuniones de personas, a los que escriben graffitis y leyendas, a los que pegan carteles en lugares no autorizados, a los que se reúnen tumultuosamente, a los que participan de piquetes, cortes de calle o escraches. También los que insulten en la calle o hagan un dibujo torpe que ofenda la decencia pública”.

“La locura punitiva arrestará también a quienes hagan ruidos o toquen campanas que afecten la tranquilidad de la población y a los padres cuyos hijos menores dejen la escuela (...) además, se baja la edad de imputabilidad, permitiendo que se arreste a los jóvenes desde los 14 años”.

Otras organizaciones, ya relacionadas específicamente con la defensa de los derechos del niño, se han expresado por la modificación que se propone en tres puntos del Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil: “A poco tiempo de entrar en vigencia y cuando aún no se encuentra en pleno funcionamiento, el ejecutivo provincial impulsa una modificación de tres artículos que ya tiene media sanción en el senado, a través de la cual en un primer artículo (art. 41) amplía el plazo de detención de los jóvenes de 12 a 24 horas hasta que el juez decida su destino. Es una modificación que someterá a los jóvenes a una mayor vulneración de derechos y los expondrá más tiempo a padecer torturas y malos tratos en comisarías, alcaldías o centros de recepción”.

La lista de objeciones, críticas y denuncias al proyecto redactado por el actual Ministro de Justicia bonaerense y refrendado por el Gobernador de la provincia, es interminable. Baste lo que hemos transcripto como muestra.


Éstos son mis principios...

La actuación del Ministro de Justicia (alguna vez señalado como “garantista”, cuando actuaba a las órdenes de otro poder político) nos hace recordar aquella célebre humorada de Groucho Marx: “Éstos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”.

Y sí, podríamos reírnos, todos podríamos reírnos, pensando en la volubilidad y las súbitas piruetas de los funcionarios, atentos al termómetro de su presencia mediática o al qué dirán de los ricos y famosos, antes que al sentimiento popular o al sufrimiento de los más humildes y desvalidos.

Pero es algo trágico. Trágico y doloroso. Irremediablemente triste.

Porque lo que campea es la inmoralidad de no gobernar para todos; la de gozar de impunidad para lo propio y buscar la penalización extrema de lo ajeno; la inmoralidad de castigar “preventivamente” a ésos que ya han sido castigados desde la cuna, por la injusticia social; la inmoralidad de que el mismo Estado bonaerense que arrastra una deuda aniquilatoria con los hogares y comedores destinados a los más pobres, sea el que incrementa su gasto publicitario de 700 mil pesos diarios a un millón, porque “no alcanza”; la inmoralidad de ejercitar deportivamente la Tolerancia Cero, mientras los grandes crímenes y negociados permanecen sin esclarecimiento ni sanción.

Todas esas inmoralidades, pensamos, deberían comenzar a denunciarse, a condenarse y a corregirse. Sin embargo, en la doctrina de la Tolerancia Cero sostenida por el señor Ministro y el señor Gobernador, no están contempladas.

En el código máximo para faltas mínimas que proponen estos dos señores con mucho poder y escasa autocrítica, ya no hay lugar para la Justicia, la Libertad, los Derechos Humanos y muchas otras palabras gravitantes, de ésas que usualmente se escriben con mayúsculas.

Oscar Taffetani

miércoles, 18 de noviembre de 2009

AGENDA: Jornadas de Acción Política en la UNER‏

Acción Política y Tradiciones Culturales


Debates en la universidad pública en torno a la resistencia a la expoliación minera.

Del inconformismo surgen las revueltas,
la desobediencia ante aquello que
se nos presenta como inhumano

El 19 y 20 de Noviembre cobrarán vida las jornadas de discusión organizadas por el movimiento que se activó en contra de la recepción de los fondos provenientes de la megaminera "Bajo La Alumbrera".

Contaremos con la presencia de muchos invitados especiales: activistas, investigadores, integrantes de Asambleas Ciudadanas de distintos lugares del país, docentes de provincias afectadas por la minería a cielo abierto, militantes de distintos movimientos ecologistas, sindicatos y gremios docentes. Nos encontraremos en paneles y talleres de discusión, con la idea de recuperar la Universidad Pública como espacio abierto para el encuentro entre la Academia y los Movimientos en Lucha, con la idea de reabrir debates necesarios para imaginar un porvenir: la relación entre conocimiento y sociedad, la preocupación por la producción científica y la financiación privada del sistema científico-tecnológico, el sentido de la formación universitaria, las articulaciones con los movimientos sociales y mucho más.

Mientras se van delineando los trazos de esta propuesta, los invitamos a visitar dos blogs con materiales que se proponen para el debate (y a la espera de nuevos aportes) producidos en relación con todos estos temas: unerenmovimiento.wordpress.com y debatesenlauniversidadpublica.blogspot.com

Comisión Universitaria Interclaustros Contra los Fondos Mineros
UNER en Movimiento


El maleficio de la mariposa

La posible identificación de los restos de Federico García Lorca, víctima de la Guerra Civil Española, y la aparición de un nuevo libro firmado por Ian Gibson que centra su atención en la peripecia homosexual de su biografía, invitan a volver a leer a uno de los más grandes poetas de todos los tiempos.


Una vida

En estos días, la humanidad espera en vilo que los equipos de antropología forense que trabajan en las inmediaciones de Granada por orden del juez Baltasar Garzón descubran e identifiquen los restos de Federico García Lorca, que podrían estar (o no) en una fosa común entre Víznar y Alfacar, donde hay tres mil personas enterradas.

La circunstancia obliga a reexaminar las razones del asesinato del poeta, y también algunos aspectos de su vida.

En sus años escolares le decían Federica, y la prensa de derecha se refería a él, cada vez que querían desacreditar a La Barraca, la compañía teatral que fue una pieza central de la política cultural de la República Española, como Federico García Loca.

Hijo de Vicenta Lorca y Federico García Rodríguez, el que estaría llamado a convertirse en “el poeta español más leído de todos los tiempos” nació el 27 de agosto de 1897 como Federico del Sagrado Corazón de Jesús. Ya adulto, Lorca, cuya pasión por la mentira corría pareja con su pasión por la poesía, la música y el folklore, echó a correr la especie de que no había caminado hasta los cuatro años como consecuencia de una grave enfermedad.

Lo cierto fue que el niño tenía grandes pies planos y la pierna izquierda ligeramente más corta que la derecha, defectos que “con el tiempo prestarían a su manera de andar un característico balanceo o cimbreo corporal” (como nos informa Ian Gibson en su monumental biografía, Federico García Lorca).

Desde el comienzo, Lorca, que ha nacido apenas treinta años después de que por primera vez en la historia de Occidente se imprimiera la palabra “Homosexualität” en un folleto militante, marcha con su andar de pie quebrado hacia lo queer.

Toda la historia de la poesía de Lorca puede leerse como un combate contra los monstruos infernales, y hay un compuesto indiscernible entre autoctonía, sexualidad, naturaleza y cultura que es lo que podríamos reconocer como propiamente lorquiano.

Lábdaco (padre de Layo) quiere decir “rengo”, Layo (padre de Edipo) quiere decir “pie torcido”. Edipo quiere decir “pie hinchado”. Es con esa serie de nombres prestigiosos, en los que la persistencia de la autoctonía humana se inscribe directamente en el cuerpo y el andar (la imposibilidad de salirse totalmente de la tierra), con los que Lorca establece una relación de linaje.

Lo ctónico se opone a lo olímpico como el inframundo se opone a lo celestial.

Es posible glosar el mito de Edipo de muchas formas, pero la lectura que más conviene retener y relacionar con la obra de Lorca es la que lo reconoce como una suerte de instrumento lógico que permite articular una respuesta a la pregunta inicial: “¿Se nace de uno solo, o bien de dos?”. Y a la pregunta derivada: “¿Lo mismo nace de lo mismo o de lo otro?”.

Lo que se llama queer no es sino una etiqueta (la última) para una pregunta radical sostenida en el murmullo de los pájaros: ¿lo Real es Uno o Múltiple? ¿Somos verdaderamente libres o el efecto de un sistema de clasificación sistemática que nos precede?


Lo natural

En un retrato retrospectivo, Lorca ha presentado su infancia en los siguientes términos:

Siendo niño, viví en pleno ambiente de naturaleza (...). En el patio de mi casa había unos chopos. Una tarde se me ocurrió que los chopos cantaban. El viento, al pasar por entre sus ramas, producía un ruido variado en tonos, que a mí se me antojó musical. Y yo solía pasarme las horas acompañando con mi voz la canción de los chopos. Otro día me detuve asombrado. Alguien pronunciaba mi nombre, separando las sílabas como si deletreara: “Fe... de... ri... co”. Miré a todos lados y no vi a nadie. Sin embargo, en mis oídos seguía chicharreando mi nombre. Después de escuchar largo rato, encontré la razón. Eran las ramas de un chopo viejo que, al rozarse entre ellas, producían un ruido monótono, quejumbroso, que a mí me pareció mi nombre.

Cómo el niño-poeta ha podido alucinar en el ruido monótono y quejumbroso de unas ramas viejas su propio nombre sería asunto de la psicología experimental o de la psiquiatría, pero lo cierto es que el relato dice una verdad: el llamado de la tierra como constitutivo de la poética lorquiana, es decir, la imaginación (poética) procede de la naturaleza, es su continuación, y el ser es autóctono (lo vegetal es su modelo). De allí el proyecto nunca abandonado de devenir uno con lo verde (“verdes vientos, verdes ramas”), la dificultad de ese devenir y la consecuente melancolía. El niño ya sabe que el arte no es privilegio del hombre y que constituye un geomorfismo y no un antromorfismo.


Lo animal

El primer libro publicado por Lorca, en 1918, se llama Impresiones y paisajes, y en él ya se deja leer la creciente fricción entre el celestial Sagrado Corazón de Jesús con el que ha sido marcado y su infernal cojera. Libro de poemas, de 1921, se cierra con “El macho cabrío”, fechado en 1919:

¿Cuántos encantos
tiene tu barba,
tu frente ancha,
rudo Don Juan!
¡Qué gran acento el de tu mirada
mefistofélica
y pasional!
(...)
Tu sed de sexo
nunca se apaga;
¡bien aprendiste
del padre Pan!


Todavía no muy lorquiano, el poema muestra la evidente inclinación uranista del joven granadino. Más importante es notar la aparición del aker de los aquelarres. Salido del infierno, mefistofélico, el aker de Lorca abre la puerta de la fragua por donde entrará la omnipresente luz lunar (“la luna vino a la fragua / con su polisón de nardos”). Lorca sacará a la luna de la tradición tardo-romántica y la reintegrará a la tradición celtíbera: el plenilunio de la Turdetania, las comunidades imposibles, las sociedades secretas y los rituales anticristianos de regeneración del mundo son los puntos irisados que organizan la constelación de autoctonía y sexualidad, lo queer de Lorca. La luz lunar, cuyo predicado es el neutro, aparecerá reflejada en los pozos donde duermen su sueño los niños insepultos (sacrificios en altar y sacrificios en pozo se oponen como lo olímpico y lo infernal).

El último poema “estadounidense” de la extraordinaria conferencia “Un poeta en Nueva York” (el libro fue publicado después del asesinato de Lorca) es precisamente “Niña ahogada en un pozo”, que opone infancia y género, es decir: el yo sexuado y el yo de la infancia. La niña de la infancia, Federica, vuelve como la Samara de The Ring a cobrar el precio del sacrificio ctónico. Lo que además regresa en ese poema último de un ciclo es el estribillo, el ritornello del agua que no desemboca. Al agua fija en un punto (el pozo) se opone el agua corriente, como lo Uno de Parménides se opone a lo Múltiple de Heráclito. La niñez estancada contra la niñez que fluye hacia lo múltiple (vegetal o animal): el llamado de la naturaleza y la fuerza de la autoctonía. Así sostiene Lorca un imaginario (homo)sexual, luego de haber atravesado todas las etapas de su pensamiento y ensayado todos los estilos de escritura.


Lo colectivo

En 1922, Lorca pronuncia una conferencia en el Centro Artístico de Granada: “El Cante Jondo. Primitivo canto andaluz”. Es, una vez más, el encuentro con la fatalidad de lo autóctono, pero elevado ahora a programa estético. La pena, dice Lorca, no es del sujeto que canta sino del género y, por esa vía, se instaura una cosmogonía cuyo contenido (y cuya expresión, porque son indiscernibles) es la “nostalgia de lo autóctono”. Mucho más adelante, en 1931, Lorca dirá: “Yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío... del morisco, que todos llevamos dentro”.

Se trata, ya, de sostener un proceso de desidentificación que implica abrazar una causa, la causa de “los perseguidos” que son, con más precisión, los raros o fuera de clasificación. Lo que canta, lo que habla en Poema del Cante Jondo no es un individuo sino un colectivo indefinido: “el alma andaluza” de naturaleza trágica. Autoctonía y tragedia son el fondo común que encuentra Lorca en las coplas del Cante Jondo: “El Amor y la Muerte... pero un Amor y una Muerte vistos a través de la Sibila, ese personaje tan oriental, verdadera esfinge de Andalucía”. Es el regreso de la esfinge, el monstruo ctónico de Edipo, que vuelve para plantear el enigma de lo Múltiple en lo Uno: no la culpa del desvío sino una ética del abandono y la disidencia; no una política de la reproducción familiar sino la pandemia del contagio.


Sebastián

Más allá de los episodios biográficos (ver recuadro) que desencadenaron el decisivo viaje a Nueva York de Lorca en 1929, lo que se lee en ese momento de vacilación (existencial y estética) es la pregunta sobre cómo conjugar el tradicionalismo autóctono con la destrucción generalizada preconizada por el programa superrealista. Poeta en Nueva York, El público y Así que pasen cinco años, obras póstumas, son el umbral de una transformación profunda. Desde 1925, Lorca ha venido discutiendo con el sinuoso Salvador Dalí y el infame Luis Buñuel temas de estética y, también, de política sexual.

En la “Oda a Salvador Dalí”, publicada en 1926, Lorca anota lo que constituirá una de sus obsesiones en los años siguientes:

¡Oh Salvador Dalí de voz aceitunada!
Digo lo que me dicen tu persona y tus
cuadros.
No alabo tu imperfecto pincel adolescente,
pero canto la firme dirección de tus flechas.

Además de algunos dibujos y cartas dirigidos a Lorca (“¿No habías pensado en lo sin herir del culo de San Sebastián?”), Dalí le dedica en 1927 el extraordinario texto Sant Sebastià, que hace de la figura del mártir una máquina célibe y a partir de la cual desarrolla un elogio de la objetividad y la apatía estéticas, en una dirección que parece contraria a la que Lorca había apuntado en su “Oda”, al colocar al pintor en el lugar del arquero y a sí mismo en posición de víctima sagitaria (en los recuerdos de Dalí, era Lorca quien pretendía sodomizarlo).

En la conferencia “Un poeta en Nueva York”, Lorca escribirá, por única vez, el nombre de la figura que, en su perspectiva, sella la nueva alianza entre lo ctónico y lo poiético: “Convengamos en que una de las actitudes más hermosas del hombre es la actitud de San Sebastián”, escribe sin más aclaración y totalmente fuera de contexto.

Esa inesperada aparición de aquel cuyas glorias cantaron no sólo los grandes pintores europeos del Renacimiento al Barroco (quiero decir: todos ellos) sino, también, Marcel Duchamp y T. S. Eliot, es la clave de la articulación en la que está pensando Lorca, el fundamento de lo queer, la voz que le viene, ahora, a la vez de la tierra y del cielo. Un llamamiento simultáneo al martirologio y a la desclasificación.


Clases


El primer poema que Lorca escribió en Nueva York fue “Oda al rey de Harlem”, donde reaparece la noción de “raza maldita”, la amplificación del tema gitano y, a partir de ese impulso de universalización de motivos autóctonos, un postulado de identificación con esas comunidades imposibles en las cuales no se puede reconocer al semejante porque no hay identificaciones sino sencillamente multiplicidades.

Lorca desarrolla en el más impresionante poema (“Oda a Walt Whitman”), del que será su último libro de poemas planeado como tal, una teoría de la (homo)sexualidad natural (“un desnudo que fuera como un río”) en oposición a una (homo)sexualidad producida socialmente (“pantano oscurísimo donde sumergen a los niños”), donde el agua estancada y el agua que fluye adquieren nuevas connotaciones sin desprenderse de las que ya formaban una constelación omnipresente en su obra.

En Cuba, donde se detiene luego de su período neoyorquino, escribe El público, donde se lee la sorprendente sentencia: “El ano es el fracaso del hombre, es su vergüenza y su muerte”, que, si bien es expresión de un ataque de pánico homosexual que parece continuar el diálogo con Salvador Dalí, también puede interpretarse ya como una teoría del descentramiento y la desclasificación queer en la línea en que lo planteará Severo Sarduy en sus escritos.

Es en Cuba donde finaliza también la “Oda a Walt Whitman”, poema didáctico-doctrinario que vuelve a superponer lo natural y lo construido, lo autóctono y lo celeste, el Sagrado Corazón y el macho cabrío, para excluir del festín de la vida (la “bacanal” de la que participan “los confundidos, los puros, / los clásicos, los señalados, los suplicantes”) únicamente a los “maricas de las ciudades”, “esclavos de la mujer”, “perras de sus tocadores”.

Yo quisiera rescatar a Lorca de estas últimas y penosas palabras que parecen más bien pronunciadas para agradar a sus enemigos (Buñuel y la Falange) que para sostener un proyecto de vida y de arte, un arte de vivir, y de vivir juntos.

Quisiera poder decir que cuando Lorca escribió “¡No haya cuartel!” y “¡Alerta!” no quiso sino alertarnos contra el poder de la normalización, contra el poder de los sistemas clasificatorios que, a través de la injuria, construyen modelos de comportamiento aberrantes que sólo pueden comprenderse como espejos de agua podrida.

Sé que la delicadísima estructura de su obra, su agónica marcha hacia la felicidad (como cosa colectiva), su confianza ciega en el llamado de la naturaleza y en la poesía como respuesta a esas voces que decían su nombre, su compasión por las niñas enterradas en los pozos y los plenilunios precristianos (prehumanistas) que él rescató de la barbarie, así lo autorizan.

La Sagrada Familia celestial, lo comprendió Lorca con una intuición que no alcanzó a desarrollar antes de que lo asesinaran (y lo asesinaron, entre otras cosas, para que no alcanzara a desarrollar esa intuición), no es nada sin San Sebastián, ese abandonado en la Cloaca Máxima: carece de sentido.

Pero prefiero no poner a Lorca en el lugar de su posteridad. Lo leo en el instante en que él sabe que va a morir, como lo sabe del niño músico y poeta que fue, cuya imagen de pie quebrado entrevé en un pozo de agua que no desemboca, víctima de una política de exterminio.

Lo leo en el instante en que elige el desorden y se ofrece como víctima de los sistemas de clasificación, en el instante en que lo queer no tiene todavía un nombre y, por eso mismo, tampoco programa, ni destino.

“Nueva York (oficina y denuncia)”, en Poeta en Nueva York:

¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
No, no; yo denuncio.
Yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.

Por Daniel Link





martes, 17 de noviembre de 2009

El asado está sin tocar


Durante siglos, hombres despiertos lograron hacer creer a los pueblos, que eran los intermediarios entre Dios y los hombres. En estos tiempos que corren, han cambiados los discursos y los actores. Los faranduleros, Rial, Tinelli, Georgina Barbarrosa, la anciana conductora que va los domingos, Grondona, Macri, la bisabuela Mirtha, de Narváez, y otros, pretenden criminalizar las protestas. En nombre del pueblo, ellos creen ser los nuevos elegidos.


Durante siglos, hombres despiertos lograron hacer creer a los pueblos, que eran los intermediarios entre Dios y los hombres. Gracias a eso tuvieron una vida cómoda al amparo del poder, consintiendo las matanzas, y en muchas oportunidades, también generándolas, con un fin propiamente económico, y un objetivo de status ocupacional.

En estos tiempos que corren, han cambiados los discursos y los actores. Hoy la derecha trata de instalar el miedo comparando nuestra situación con la Republica de Colombia. Han decidido llamar a este proceso, “colombianización”; olvidando que ese país latinoamericano lleva 60 años de luchas armadas. No mencionan tampoco, las atrocidades de los paramilitares, los trabajos sucios de la D.E.A. y la C.I.A. que fomentan el narcotráfico y todas sus implicancias delictivas.

Los faranduleros, Rial, Tinelli, Georgina Barbarrosa, la anciana conductora que va los domingos, Grondona, Macri, la bisabuela Mirtha, de Narváez, y otros, pretenden criminalizar las protestas. No conformes con esto, piden mano dura y más represión para los ciudadanos que se manifiestan.

En nombre del pueblo, ellos creen ser los nuevos elegidos. Piensa por nosotros el conductor del 13. Cree que sus pensamientos son compartidos con todos los plateístas que concurren a ver a famosas, a un programa que desde hace 20 años es lo mismo.

La actriz que hace unos años atrás perdió a su marido en un hecho delictivo, narraba como fue asaltada. Dijo que los ladrones “cholulos”, la reconocieron y le pidieron perdón por lo que estaban haciendo, pero que tenían hambre y por ese motivo delinquían. La señora con gran generosidad contó que se llevaron celular y dinero. Ella les pidió que no le robaran, que se llevaran la carne –“el asado esta sin tocar”. También contó que los ladrones no estaban drogados, eran “profesionales”: uno tenía un arma, el otro medio ladrillo. Después de escuchar esto podría decir que están más cerca de albañiles desesperados, que de ladrones profesionales.

Debido a los conflictos congelados durante décadas, la sociedad lucha en las calles. Reivindica la protesta para que el mandatario lo visualice, aporte soluciones. Todos ellos, los trabajadores, estudiantes, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo pidiendo justicia, pueblos originarios solicitando sus tierras, desocupados que reclaman por la solución a un problema que no originaron, mujeres en lucha por la ley del aborto, gays pidiendo el matrimonio, los que protestan, por una mejor predistribución de la riqueza, de un lado.

Por el otro, la derecha organizada. Este pequeño grupo de ciudadanos pretende mantener sus privilegios. Sólo reconocen dos derechos como prioritarios: el art. 17 de la Constitución Nacional –“la propiedad privada es inviolable”-; y el derecho a sus vidas. La del otro no les importa.

Manuel Barraza
13/11/2009