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jueves, 21 de octubre de 2010

ÚLTIMO MOMENTO


Comunicado de la mesa ejecutiva de la F.A.T.U.N

Ante los hechos de violencia ocurridos en el día de la fecha, la Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales expresa su más enérgico repudio, tal cual ha sido históricamente su conducta, rechazando cualquier acto de violencia provenga de quien proveniere.

El enfrentamiento entre pobres no sólo desnaturaliza el principio de unión y respeto que debe alentarno, sino que da por tierra los constantes esfuerzos que se realizan para resolver las cuestiones que puedan oponernos, dentro de un clima de compresión y búsqueda de consensos. Al tiempo que exigimos un rápido esclarecimiento del hecho y castigo a los culpables, hacemos notar que, una vez más, los Trabajadores seguimos siendo víctimas de la violencia, por lo que nos solidarizamos con quienes la han sufrido en la fecha y afirmamos que, con actitud militante, continuaremos realizando nuestro máximo esfuerzo en pos de evitar el derramamiento de sangre entre hermanos.

MESA EJECUTIVA
Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
20 de octubre de 2010











miércoles, 20 de octubre de 2010

OPINIÓN DE NUESTRO COMPAÑERO PEDRO PASCUCIELLO


Por ejemplo, en nuestra provincia el ex gobernador Jorge Busti instauro el 82% móvil en su primer gobernación y está a la vista el déficit de la caja de jubilaciones provincial consecuencia de esa irresponsabilidad atendiendo solamente a la coyuntura electoralista del momento, al punto que el gobierno nacional en 2004 debió socorrerla con anticipos de la coparticipación para que se pudieran seguir pagando las jubilaciones con dinero y no con bonos provinciales, con su correlato en el endeudamiento con la nación. Hoy es muy difícil para la provincia aumentar a sus jubilados y la caja sigue teniendo déficit. En otras palabras, tenemos a la vista la consecuencia de no pensar en las consecuencias valga la redundancia. (Puedo equivocarme en alguna fecha, pero es lo que está).

Por otro lado, de nada sirve que se hagan leyes que no tienen sustentabilidad y por lo tanto son inaplicables.

Por último, teniendo en cuenta que es una ley condenada al veto presidencial, ya que atenta contra la Argentina, como todo lo que queda en manos de COBOS para ser exactos, y profundiza la desigualdad de acuerdo a la exhaustiva investigación del CONICET que todos habrán podido acceder, siempre es un buen momento para empezar a comprometerse seriamente y sin medias tintas, simplemente por nuestra condición de empleados públicos que hemos sufrido en carne propia decisiones como estas. (Gobierno inconcluso de la ALIANZA - quita del 13%).


Por Jorge P. Pascucciello (Administración Concordia)



El pasado y el futuro son las amenazas del Sistema Previsional Argentino.

En el actual debate público para elevar las jubilaciones al 82% móvil es necesario repasar la historia, afirmar un presente de solidez y pensar responsablemente el futuro.


El pasado: Un colapso

Venimos de un pasado construido por una errática historia de decisiones macroeconómicas que hicieran colapsar el sistema previsional.

1958: Con gran cantidad de aportantes y pocos beneficiarios, Frondizi introduce por ley el 82% móvil.

1962: Se registra el primer déficit del Sistema Previsional que imposibilitaba cumplir con el 82% móvil.

1967: Con incumplimientos y un aluvión de juicios, Onganía declara la inembargabilidad de los bienes de las Cajas Jubilatorias. Aumenta las contribuciones y la edad jubilatoria y limita el 82% móvil para los superaran los 30 años de servicios.

1973-1983: Se fijó el haber ordinario en el 70% del cargo ocupado al cese de actividad, se incorporó un millón de nuevos jubilados y se eliminaron las Contribuciones Patronales.

1984: Alfonsín reinstaura las Contribuciones Patronales. Se acentúa la crisis de financiamiento. La relación activo pasivo era de 1,9 aportante por cada jubilado.

1986: Alfonsín decreta el Estado de Emergencia del Sistema Previsional. Disminuye los haberes, suspende la ejecución de sentencias e incrementa los aportes patronales. Las deudas del Estado serán canceladas años después por los Bonos Previsionales del Gobierno de Carlos Menem que, en gran parte, contribuyó a un significativo aumento de la deuda externa.

1994: Menem instaura el sistema mixto, de AFJP y Reparto. Se aumenta la edad de retiro, aumentan las restricciones para acceder al beneficio. Se eleva así el número de excluidos del sistema. La tasa de cobertura llega a menos del 50%.

2001: De la Rua establece la quita del 13% en las Jubilaciones y los haberes de los empleados públicos para cumplir con la “Ley de Déficit Cero” solicitada por los organismos de crédito internacional.


La solidez

Actualmente, el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) es un sistema solidario de reparto, con igualdad de cobertura y tratamiento para todas las jubiladas y jubilados del país.

Se compone en un 56% por los ingresos de los trabajadores activos y en un 44% por los impuestos que pagan todos los argentinos, entre ellos el IVA.

Estos fondos, administrados por la ANSES, son el reaseguro y el ahorro de todos los trabajadores activos y jubilados, incluso de aquellos que todavía se encuentran –o se encontraron excluidos de los derechos laborales, por medio del pago de impuestos como el IVA.

El país está haciendo grandes esfuerzos por recomponer el monto de las jubilaciones.

Todo lo que se haga siempre será insuficiente. Pero hay que seguir avanzando.

Hubo 18 aumentos otorgados desde el 2003, luego de una década de jubilaciones congeladas.

Hay que continuar con el Plan de Inclusión Previsional que posibilitó la incorporación de más de 2.500.000 jubilados excluidos por el viejo sistema.

Hoy Argentina tiene la tasa de cobertura previsional más amplia de América Latina.

Queremos seguir avanzando en el cumplimiento de la Ley de Movilidad Jubilatoria por la que se establecen dos aumentos obligatorios por año a todos los jubilados.

Esta ley –rechazada en su momento por varios sectores- plantea una fórmula de cálculo para la actualización de haberes que considera la evolución económica como variable central. En lo que va del año 2010, permitió aumentar las jubilaciones en un 26,49%, siendo este aumento mayor que los cálculos alternativos propuestos. Desde el 2003, el sistema de seguridad previsional incrementó sus ingresos por el fuerte crecimiento del empleo registrado posibilitando que la jubilación mínima de $150 pesos - mantenida en Argentina durante 10 años-, pase a $ 1.046 pesos, es decir, un incremento del 597,8 %.















viernes, 15 de octubre de 2010

Opinión de Pedro Pascuciello

Compañeros, texto interesante serìa muy bueno enriquecerlo con nuestra opinión y debate cuando sea publicado, espero sea en breve.
 

Por ejemplo, en nuestra provincia el ex gobernador Jorge Busti instauro el 82% movil en su primer gobernación y está a la vista el deficit de la caja de jubilaciones provincial consecuencia de esa irresponsabilidad atendiendo solamente a la coyuntura electoralista del momento, al punto que el gobierno nacional en 2004 debió socorrerla  con anticipos de la cooparticación para que se pudieran seguir pagando las jubilaciones con dinero y no con bonos provinciales, con su correlato en el endeudamiento con la nacion. Hoy es muy dificil para la provincia aumentar a sus jubilados y la caja sigue teniendo deficit. En otras palabras, tenemos a la vista la consecuencia de no pensar en las consecuencias valga la reduncia. (puedo equivocarme en alguna fecha, pero es lo que está)

Por otro lado, de nada sirve que se hagan leyes que no tienen sustentabilidad y por lo tanto son inaplicables.

 Por último, teniendo en cuenta que es una ley condenada al veto presidencial, ya que atenta contra la Argentina, como todo lo que queda en manos de COBOS para ser exactos, y profundiza la desigaldad de acuerdo a la exahustiva investigación del CONICET que todos habrán podido acceder, siempre es un buen momento para empezar a comprometerse seriamente y sin medias tintas, simplemente por nuestra condición de empleados públicos que hemos sufrido en carne propia deciciones como estas. (gobierno  inconcluso de la ALIANZA - quita del 13%) .

Jorge P. Pascucciello - Adm. Cdia.

MEDIOS Y COMUNICACIÓN


Espiral que no silencia
Por Lucila Bollo *

Dos aportes sobre el trabajo periodístico, la agenda y la construcción del discurso. Lucila Bollo reflexiona a partir de los cambios que la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual introduce en cuanto a la aparición de actores en el escenario.

Hace ya un tiempo que algunos espacios mediáticos comenzaron a enfocar sus debates sobre ciertos temas que anteriormente no tenían lugar en los medios, por lo que nadie hablaba de ellos, ya que no formaban parte de ninguna agenda. Una de las cuestiones que justamente empezaron a circular en los últimos meses es la de la capacidad que tiene la prensa escrita de “marcar agenda”, haciendo referencia a la teoría de agenda-setting surgida en la década de los ’70, que estudia cómo los medios de comunicación influyen sobre la atención del público al priorizar determinadas asuntos, y a la vez dejan de lado otros. Así es como algunos diarios, principalmente los pertenecientes a las empresas monopólicas, construyen día a día la agenda mediática. Al seleccionar la información que más les conviene de acuerdo con sus intereses, son los que deciden qué es noticia y qué no. De esta manera imponen a sus lectores los contenidos sobre los cuales deben pensar y discutir. Y no sólo a los consumidores de noticias, sino también a los demás medios, que reproducen durante toda la jornada la información destacada en dicha agenda.

Junto con esta teoría también surgieron otras muy significativas que no suelen ser analizadas públicamente, como la de la espiral del silencio, propuesta por la politóloga alemana Elisabeth Noelle Neumann, en la que se explica cómo las personas tienden a callar y ocultar sus opiniones si sienten que no son acordes con las de la mayoría, y en algunos casos se ven inducidas a adoptar las de los demás por temor a quedar aisladas socialmente.

En este proceso los medios de comunicación cumplen un papel primordial a la hora de establecer cuál es la opinión predominante. Y muchas veces, en el empeño por brindar fidelidad al grupo empresarial al que pertenecen, imponen una idea y la hacen parecer más fuerte de lo que es en realidad, mientras que los que tienen una visión distinta parecen ser más débiles de lo que en verdad son. Es así como se intenta manipular los juicios de las personas sobre ciertos temas, creando una especie de consenso social que apunte hacia determinado lugar, en concordancia con el grupo dominante. El resultado es, según Noelle Neumann, una “ilusión óptica o acústica” respecto de la situación mayoritaria.

Esta teoría puede analizarse con claridad desde la perspectiva mediática actual de nuestro país, ya que estamos atravesando una situación bastante particular, en un marco de constante debate público favorecido por la polémica generada en torno de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que abrió el camino hacia un mayor pluralismo de ideas y facilitó la aparición de nuevas voces. Debido a esto, muchas de las cuestiones que antes se encontraban invisibilizadas por algunos sectores hegemónicos de poder hoy se dan a conocer y son el centro de atención en diferentes medios, principalmente los que avalan la aplicación de la ley. Todo esto da cuenta de las limitaciones de la espiral del silencio, ya que al no poseer una rigidez matemática para funcionar, en muchos casos puede romperse. Ahí es cuando salen a la luz diversas opiniones que antes se hallaban silenciadas por el miedo al rechazo, al no consensuar con las de los demás. Una vez rota la espiral, el grupo minoritario que se encontraba oculto y debilitado se hace fuerte, y aparece como un factor de cambio que es necesario para la evolución de la sociedad. De lo contrario, nos encontraríamos estancados, con temor a manifestarnos libremente si no pensamos como la mayoría, ya que no contaríamos con su aprobación y terminaríamos por reprimir nuestros puntos de vista. En consecuencia, acabaríamos siempre influidos por los arquetipos que el establishment intenta imponer, sin posibilidad de conseguir ningún progreso cultural que abra nuestras mentes hacia nuevas formas de pensar y de percibir la realidad.

El ambiente generado a partir de la sanción de esta ley, aprobada en octubre del año pasado, favoreció el surgimiento de estos nuevos espacios mediáticos, que garantizan una mayor diversidad de opiniones y, a la vez, nos brindan propuestas atractivas e innovadoras. Este nuevo clima de debate es sumamente propicio, ya que enriquece enormemente la capacidad comunicativa de la sociedad en la que vivimos, en tanto que nos permite conseguir una comunicación mucho más plural, dando lugar a la democratización de la palabra. En este sentido, la ley Nº 26.522 parece haber derrotado en el campo de batalla a la silenciosa espiral.

* Estudiante de Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM).


La gente, el periodismo y la sorpresa

Por José Luis Petris *

José Luis Petris analiza el uso del término “gente” y las implicancias que ello tiene en la construcción de los mensajes.

Por suerte es más común que en otras épocas escuchar algunas prevenciones acerca del uso del término “gente”. “La gente piensa que” algo es de determinada manera, o “la gente se pronunció e hizo saber” que su voluntad es tal, o “hay malestar entre la gente”, o “la gente no sabe qué esperar” son ejemplos de un uso retórico de “gente”, en su antigua acepción: intento de persuasión. “Gente” es, en estas sentencias, sólo argumento, cuantitativo, poderoso, porque actúa como sinónimo de mayoría, pero también un argumento cualitativo, no menos poderoso, porque “la gente” es “la gente común”, la que merece nuestros mayores respetos y principales esfuerzos (enunciación soberbia y casi siempre hipócrita). Por suerte, decía al comienzo, este uso retórico de “la gente” es más cuestionado que antes, aunque no lo suficiente, y muchas veces de manera pobre y/o falaz.

La gente es una categoría tal como lo es la ciudadanía, las mujeres, los jubilados (“nuestros abuelos”, algunos dicen para fortalecer sus argumentaciones), los niños, los trabajadores, los inmigrantes, los creyentes, los intelectuales, etc. Y como tal es absolutamente legítimo utilizarla cuando queremos analizar, pensar y hablar sobre aspectos y componentes de nuestras sociedades, regiones, países, ciudades o comunidades. Lo es aunque todos sepamos, y muchas veces olvidamos, que son construcciones teóricas, abstractas, ya que los que existen son los individuos que trabajan, estudian, protestan, disfrutan, militan y mil cosas más, a veces colectivamente, otras no. A veces con conciencia de participar en la construcción del devenir común, pero la mayoría de las veces sin esta conciencia. Fácticamente, “la gente” no existe: nadie fue capaz de ver a “la gente”, o a “los niños”. Apenas podemos ver y conocer a algunas personas, a algunos chicos, y a partir de ellos nos hacemos representaciones de “sus” colectivos de pertenencia (por medio de la mayoría de las veces de una inducción despreocupada: desde algunos casos, que siempre son pocos, inferimos que el todo es así, igual a esos casos). Se trata de un extraño fenómeno si tomamos conciencia de que “aprehendemos” a reconocer qué le pasa a “la gente”, que curiosamente no nos incluye porque por definición “la gente” es siempre un otro, desde también lo que nos pasa a nosotros (otra categoría de la cual deberíamos desconfiar), desde lo que sentimos y pensamos nosotros (que sí nos incluye) y que, por lo tanto, concluimos, lo mismo debe sentir, pensar y pasarle a “la gente”, ese otro.

“La gente” es una categoría sociológica, común también en otras disciplinas, que exige para su utilización de decisiones teóricas (a qué llamamos “la gente”) y respetos metodológicos (qué y cómo debe observarse aquello que nos permita describir a la gente en un determinado momento). Pero “la gente” es también una figura del habla cotidiana, del discurso político y de la práctica periodística. Y es en estos casos donde es utilizada antes como un argumento retórico que como sujeto u objeto del debate, el compromiso o la información. “La gente” se convierte así en un lugar común (vacío), paradójicamente de peso, para sostener ideas y posturas no siempre fáciles de defender sin ese uso de “la gente”.

En el periodismo, además, se manifiesta una curiosa paradoja: la gente es, casi por definición, el destinatario de su trabajo; y la gente suele ser, con mucha frecuencia, objeto periodístico. Es decir, el periodismo suele informarle a la gente sobre la gente; suele indagar a la gente para contarle a la gente lo que la gente piensa, disfruta o sufre. La paradoja se resuelve sólo con la otra paradoja ya apuntada: el lector de un diario (por ejemplo) que lee lo que el diario le informa sobre la gente no es en tanto individuo, como vimos, parte de la gente, aunque la categoría “la gente” lo incluya y él lo sepa.

Y entonces la sorpresa. Ocurrió con la concurrencia masiva y alegre a los festejos por el Bicentenario. Y volvió a ocurrir con la cálida y numerosa recepción que se le tributó a la selección de fútbol a su regreso al país tras su eliminación del Mundial. El periodismo habló de sorpresa y/o actuó con sorpresa ante ambos hechos. Y lo sigue haciendo. Y sobre esta sorpresa, sobre “la gente”, sobre la gente y sobre el periodismo corresponde apuntar algunas cuestiones. En primer lugar que ese periodismo que suele evaluar las gestiones gubernamentales y las acciones políticas desde y con el humor de “la gente” es el mismo que se sorprende con algunas manifestaciones de la gente. Es el mismo periodismo que muchas veces habla por “la gente”, que se arroga su representación, el que se sorprende por “imprevistas” acciones de la gente. Y con esa sorpresa, le cuenta a la gente lo sorpresivo que hizo... la gente. Es decir, le manifiesta a la gente su sorpresa ante ella. Y la “representa”. Y la usa.

La sorpresa tiene siempre dos posibles explicaciones: sorprende lo que no se corresponde con lo esperable según determinada lógica o norma que compartimos, o sorprende lo que se corresponde con una lógica o norma existente pero que desconocíamos. Lo inesperado de la sorpresa ocurre cuando una lógica o norma se rompe, o porque la lógica o norma en la que creíamos era incorrecta. ¿Qué generó “la sorpresa” ante los festejos por el Bicentenario? Que fueran revisados, muy analizados y retorizados tratando de descubrir qué fue lo que había ocurrido y por qué (también muy escritos y hablados para tratar de cargarlos con determinados significados, los útiles para los propios intereses). Es lo que podríamos llamar un exceso de semiótica: si un signo es siempre algo que remite a otra cosa, los alegres y masivos festejos del Bicentenario, por sorpresivos, no podían ser esencialmente eso, alegres y masivos, debían estar escondiendo otra cosa, debían significar otra cosa, exigían una lectura política de otro orden, cuando el hecho político significativo, irrefutable, novedoso para parte de la clase política y del periodismo, ¿novedoso para la gente?, fue que los festejos fueron masivos y alegres. Con el regreso de la Selección se repitió la misma sorpresa. De nuevo la gente no se comportó como debía comportarse “la gente”. La gente, como con el Bicentenario, convierte a la sorpresa en noticia. ¿A la sorpresa de quién? Parte del periodismo se sorprende con la gente, e informa a la gente de la novedad de la sorpresa que ella misma (le) ocasionó. Y le explica por qué actuó así (ella, la gente). En ambos casos hay poca introspección, poca humildad, poca sinceridad. Hay poca revisión de si la sorpresa no se debe a que no conocemos tanto a “la gente”. Que no se conoce tanto a esa “gente” sobre la que el periodismo se propone cada día informar a la gente, “representándola”.

* Semiólogo, profesor del IUNA y la UBA.











miércoles, 13 de octubre de 2010