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miércoles, 29 de septiembre de 2010

PINTA TU ALDEA


Por Santiago Giordano

El Cuchi Leguizamón cumpliría hoy 93 años, y el lunes pasado se cumplieron diez de su muerte. El compositor y pianista Guillermo Klein y uno de los hijos del creador salteño, Delfín Leguizamón, hablan de Domador de huellas, un disco que aborda la obra del autor de “La pomeña” desde otro lugar, donde el jazz y las vanguardias se dejan encantar por la gracia del folklore.

 GUILLERMO KLEIN Y DELFIN LEGUIZAMON HABLAN DE DOMADOR DE HUELLAS

"Cada tema del Cuchi es una reflexión, una tesis”

Uno de los compositores argentinos con mayor reconocimiento internacional y el tercero de los cuatro hijos de Gustavo “Cuchi” Leguizamón coinciden en la vigencia artística del creador salteño. Klein y su banda presentarán hoy el CD, con Liliana Herrero como invitada.

Guillermo Klein y Delfín Leguizamón

La charla trae los temas de siempre. Esos argumentos que surgen naturalmente a medida que se modelan conversaciones que parecen iniciadas –acaso sea así– hace mucho y muy lejos. Son las 9 de la mañana de un normal día agitado; en un bar de Palermo, Delfín Leguizamón y Guillermo Klein conversan sobre Gustavo “Cuchi” Leguizamón. El tercero de los cuatro hijos del músico, junto a uno de los compositores argentinos con mayor reconocimiento internacional, evoca a un creador tan arraigado a la tierra que lo circundaba como pertinaz perseguidor de lo que estaba más allá. A quien sin romper su aura proyectó la zamba, de la certeza de la danza al horizonte de las preguntas que no esperan respuesta. A un músico que ante la relatividad de los adjetivos convendría reconocer, simplemente, como único e irrepetible. Se habla del Cuchi. Entonces, inevitablemente, en la charla resuenan los argumentos del tiempo y sus paisajes, la muerte, la ética, la justicia, la poesía, los bueyes perdidos y los robados. Y la música, claro. O mejor dicho las músicas, que se llaman Duke Ellington o Thelonius Monk o Eric Satie o Los Fronterizos o un coplero anónimo.

Hoy el Cuchi cumpliría 93 años; el lunes pasado se cumplieron diez desde su muerte. Más por la epifanía de otro cumpleaños que por el rito necrológico del número redondo, esta noche a las 21 en el Teatro IFT (Boulogne Sur Mer 549), Klein presentará junto a su grupo Base de Nave y la cantante Liliana Herrero, el disco Domador de huellas. Se trata de un trabajo publicado en Argentina por Limbo Music (distribuido por Acqua Records) y en Estados Unidos por Sunnyside Records, en el que el pianista y compositor escucha la música de Leguizamón desde otro lugar, donde el jazz y las vanguardias históricas de la música escrita se dejan encantar por la gracia del folklore. Como hiciera el mismo Leguizamón en su momento, Klein impulsa ahora el más allá, en la misma dirección ética y estética. Con él estarán el saxofonista Miguel Zenón y el pianista Aaron Goldberg, que llegan desde Nueva York para este homenaje (ver aparte).

La calma se ciñe a la mesa, en contraste con el vértigo ciudadano que la roza con bocinazos y la película acelerada de los transeúntes. Delfín desparrama las hojas de coca sobre la mesa. Klein fuma y con poco fervor por acertar en el pronóstico mira al cielo anunciando que a la tarde podría llover. “Y sí... el Cuchi decía que Buenos Aires lo limitaba como artista”, suelta Delfín, psicólogo, nacido en Salta y radicado en la ciudad de Buenos Aires desde hace mucho. “El no hubiera podido vivir en otro lugar que no fuera Salta –continúa sobre su padre–. Venía a Buenos Aires, estaba unos días y se volvía. Le encantaba vivir donde nació, seguramente porque ahí podía moverse con absoluta libertad. El Cuchi hablaba del tiempo enloquecido de los porteños y en términos musicales lo comparaba con los de la gente del interior y su manera de hablar. Notaba que los cordobeses tienen una entonación que responde a un modo de sentir el tiempo, los salteños la suya, y así cada uno...” “Yo siento que el tiempo se va en arreglar lo que se construyó”, interviene Klein. “Fijate que al fin y al cabo, si fuese así, estaría bueno –replica Delfín–, pero acá no se arregla lo viejo, sino que se construye otra cosa en su lugar. Ese desprecio por la historia es terrible”.

Gustavo "Cuchi" Leguizamón


Seguramente Klein es uno de los músicos que con más originalidad y desparpajo leyeron la obra de Leguizamón. Concretamente, su relación con la música –y la poesía– del salteño nació tras un encargo de Adrián Iaies para el Festival de Jazz de Buenos Aires de 2008. “Cuando empecé a recoger temas del Cuchi me di cuenta de que ya los conocía, pero no sabía que eran de él”, cuenta Klein. “Conseguí partituras, grabaciones y empecé a ver lo que había en YouTube. En general me llamó la atención lo estandarizados que estaban los temas y las interpretaciones, excepto el disco de Juan Falú y Liliana Herrero –Leguizamón-Castilla (2000)–, más jazzero que mucho jazz que anda dando vueltas por el mundo. Así fueron saliendo algunas ideas, empecé a crear mi propio Cuchi. En ningún momento pensé hacer folklore, el diálogo se dio directamente con la música del Cuchi, y enseguida me di cuenta de que era muy parecida a la de Duke Ellington: generosa y sensual, pero también lúdica.” “Es muy linda esa idea de ‘música generosa’ –interviene Delfín–. Una música que te permite ir a cualquier lado con ella, sólo hay que animarse y conocerla. La transmisión no necesariamente tiene que ser generacional, tampoco se produce por ósmosis: necesita un valiente que salte y alguien que del otro lado la interprete. Nietzsche dice que cada uno se inventa un padre, el padre que puede. Yo tuve problemas en inventarme uno, porque el mío ya estaba inventado.”

Delfín destaca que desde un primer momento quedó encantado con el trabajo de Klein, por el respeto y el cariño que muestra hacia la música del Cuchi. “No deja de sorprenderme cómo viniendo de otro lugar fue capaz de pescar esos instantes decisivos de la música del Cuchi y hacer de eso belleza y emoción”, dice. “Cuando Guillermo me contó el nombre que le pondría al disco, jugamos un rato sobre qué significaba ser domador y qué simbolizaba la huella. Días después le mandé una cosa que escribí. El la incluyó en las notas del disco y eso, además de honrarme, me permitió algo que es muy difícil para el hijo de un genio como fue el Cuchi. En una época hablaba de mi tata y del Cuchi, como si fueran dos cosas distintas; acá pude expresar mi admiración por la obra de un artista que por otro lado es mi tata. Los pude juntar.”

“Zamba de la viuda”, “Coplas del regreso”, “La pomeña”, “Cartas de amor que se queman”, “Zamba de Lozano”, “De solo estar” y “Maturana” son algunos de los temas incluidos en el disco que en agosto se presentó en el Village Vanguard, uno de los santuarios del jazz moderno, y que esta noche completará su periplo de Nueva York al Abasto. “Si bien hay una idea de obra, cada tema es una reflexión, una tesis –asegura Klein–, como deben haber sido para el Cuchi en el momento de componerlos.” “También está ‘La mulánima’, una zamba que es muy linda, a la que nunca se le dio bola –agrega Delfín–. Cuando se la pasé a Guillermo, enseguida entendió que mis ganas eran las ganas del Cuchi. Y se hicieron sus ganas. La única dirección que el Cuchi tenía como creador era el deseo. Su dimensión no era aprender o enseñar, él decía que a la música la trabajaba. Su lógica era la atracción y para eso no necesitaba del orden escolástico. Cuando estaba ya muy enfermo, en un reportaje le preguntaron cuál era su relación con la tierra y contestó: ‘¡Yo me la como a la tierra! Soy como rococo sediento de un río crecido de zambas’.” “Es la pasión de las ideas –agrega Klein–. Como Stravinsky, que estudió orquestación con Rimsky Korsakov, después hizo la Consagración de la primavera y otros ballets y mientras los componía aprendía qué estaba haciendo. El neoclasicismo es él estudiando la tradición clásica, ¡eso es mortal! En ese lugar lo veo al Cuchi y yo soy igual: si quiero estudiar Messiaen lo escucho y escribo lo que escucho. En esa visión, que seguramente es sesgada, está la originalidad.”

Lejos de romperla para superponerse a ella, Klein exalta la música del Cuchi. La espera ahí, donde es capaz de llegar sola y la celebra. Gestos que descienden del minimalismo, un refinado gusto por el contrapunto que se traduce en un fluido diálogo instrumental, una búsqueda armónica que más allá de sus excursiones cromáticas balancea las formas y el respeto por melodías que efectivamente no necesitan nada más se combinan en su reflexión apasionada. Fascinado por esa naturaleza prodigiosamente melódica, en la introducción de “Chacarera del zorrito” Klein transcribió la entonación natural del Cuchi mientras hablaba, es decir su tonada. “No me podía explicar cómo llegaba el Cuchi a decidir esos saltos con que arma sus melodías, hasta que descubrí que esos intervalos de séptima, por ejemplo, estaban en la melodía natural de su manera de hablar”, cuenta. “El tipo tenía innato lo que la tradición musical evitó hacer durante mucho tiempo y lo integró a su música, para que suene con el acento de su gente. Eso es extraordinario.”

“Encontrarme con la música del Cuchi fue un impacto muy fuerte –concluye Klein–. Me hizo repensar la intimidad entre melodía y palabra. También me llevó a replantearme el espacio de la improvisación en el tema, de qué debería tratarse, para qué esos solos eternos, por qué es importante plantear bien una melodía. Yo vivo con una sensación de angustia respecto de lo que tengo adentro, hasta que logro exorcizarlo en una obra. Hacer lo del Cuchi fue descubrir un universo fascinante, que incorporé y seguirá conmigo el resto de mi vida. Inclusive después de este homenaje.”

Miércoles, 29 de septiembre de 2010











miércoles, 1 de septiembre de 2010


FIDEL CASTRO CUENTA POR PRIMERA VEZ COMO VIVIÓ SU CRISIS DE SALUD DURANTE LOS ULTIMOS CUATRO AÑOS

“Soy una especie de resucitado”



El líder de la Revolución Cubana dio su primer reportaje tras la enfermedad que lo obligó a delegar el mando en su hermano. Además de hablar crudamente de su salud, analiza “el mundo de locos” que encontró tras “resucitar” y plantea el objetivo de crear un movimiento antiguerra nuclear. “Tenemos que persuadir a Obama”, asegura.

Desde La Habana
Estuvo cuatro años debatiéndose entre la vida y la muerte. En un entrar y salir del quirófano, entubado, recibiendo alimentos a través de venas y catéteres y con pérdidas frecuentes del conocimiento...

“Mi enfermedad no es ningún secreto de Estado”, habría dicho poco antes de que ésta hiciera crisis y lo obligara a “hacer lo que tenía que hacer”: delegar sus funciones como presidente del Consejo de Estado y, consecuentemente, como comandante en jefe de las fuerzas armadas de Cuba.

“No puedo seguir más”, admitió entonces –según revela en ésta, su primera entrevista con un medio impreso extranjero desde entonces–. Hizo el traspaso del mando y se entregó a los médicos.

La conmoción sacudió a la nación entera, a los amigos de otras partes; hizo abrigar esperanzas revanchistas a sus detractores y puso en estado de alerta al poderoso vecino del Norte. Era el 31 de julio de 2006 cuando se dio a conocer, de manera oficial, la carta de renuncia del máximo líder de la Revolución Cubana.

Lo que no consiguió en 50 años su enemigo más feroz (bloqueos, guerras, atentados) lo alcanzó una enfermedad sobre la que nadie sabía nada y se especulaba todo. Una enfermedad que al régimen, lo aceptara o no, iba a convertírsele en secreto de Estado.

(Pienso en Raúl, en el Raúl Castro de aquellos momentos. No era sólo el paquete que le habían confiado casi de buenas a primeras, aunque estuviera acordado de siempre; era la delicada salud de su compañera Vilma Espín –quien poco después fallecería víctima de cáncer– y la muy probable desaparición de su hermano mayor y jefe único en lo militar, en lo político, en lo familiar.)

Hoy hace 40 días que Fidel Castro reapareció en público de manera definitiva, al menos sin peligro aparente de recaída. En un clima distendido y cuando todo hace pensar que la tormenta ha pasado, el hombre más importante de la Revolución Cubana luce rozagante y vital, aunque no domine del todo los movimientos de sus piernas.

Durante alrededor de las cinco horas que duró la charla-entrevista –incluido el almuerzo– con La Jornada, Fidel aborda los más diversos temas, aunque se obsesione con algunos en particular. Permite que se le pregunte de todo –aunque el que más interrogue sea él– y repasa por primera vez y con dolorosa franqueza algunos momentos de la crisis de salud que sufrió en los pasados cuatro años.

“Llegué a estar muerto”, revela con una tranquilidad pasmosa. No menciona por su nombre la diverticulitis que padeció ni se refiere a las hemorragias que llevaron a los especialistas de su equipo médico a intervenirlo en varias o muchas ocasiones, con riesgo de perder la vida en cada una.

Pero en lo que sí se explaya es en el relato del sufrimiento vivido. Y no muestra inhibición alguna en calificar la dolorosa etapa como un calvario.

“Yo ya no aspiraba a vivir, ni mucho menos... Me pregunté varias veces si esa gente (sus médicos) iban a dejarme vivir en esas condiciones o me iban a permitir morir... Luego sobreviví, pero en muy malas condiciones físicas. Llegué a pesar cincuenta y pico de kilogramos.”

“Sesenta y seis kilogramos”, precisa Dalia, su inseparable compañera, que asiste a la charla. Sólo ella, dos de sus médicos y otros dos de sus más cercanos colaboradores están presentes.

–Imagínate: un tipo de mi estatura pesando 66 kilos. Hoy alcanzo ya entre 85 y 86 kilos, y esta mañana logré dar 600 pasos solo, sin bastón, sin ayuda.

“Quiero decirte que estás ante una especie de re-su-ci-ta-do”, subraya con cierto orgullo. Sabe que además del magnífico equipo médico que lo asistió en todos estos años, con el que se puso a prueba la calidad de la medicina cubana, ha contado su voluntad y esa disciplina de acero, que se impone siempre que se empeña en algo.

–No cometo nunca la más mínima violación –asegura–. De más está decir que me he vuelto médico con la cooperación de los médicos. Con ellos discuto, pregunto (pregunta mucho), aprendo (y obedece)...

Conoce muy bien las razones de sus accidentes y caídas, aunque insiste en que no necesariamente unas llevan a las otras. “La primera vez fue porque no hice el calentamiento debido, antes de jugar básquetbol.” Luego vino lo de Santa Clara: Fidel bajaba de la estatua del Che, donde había presidido un homenaje, y cayó de cabeza. “Ahí influyó que los que lo cuidan a uno también se van poniendo viejos, pierden facultades y no se ocuparon”, aclara.

Sigue la caída de Holguín, también cuan grande es. Todos estos accidentes antes de que la otra enfermedad hiciera crisis y lo dejara por largo tiempo en el hospital.

“Tendido en aquella cama, sólo miraba a mi alrededor, ignorante de todos esos aparatos. No sabía cuánto tiempo iba a durar ese tormento y de lo único que tenía esperanza es de que se parara el mundo”, seguro para no perderse de nada. “Pero resucité”, dice ufano.

–Y cuando resucitó, comandante, ¿con qué se encontró? –le pregunto.

–Con un mundo como de locos... Un mundo que aparece todos los días en la televisión, en los periódicos, y que no hay quién entienda, pero el que no me hubiera querido perder por nada del mundo –sonríe divertido.

Con una energía sorprendente en un ser humano que viene levantándose de la tumba –como él dice– y con la mismísima curiosidad intelectual de antes, Fidel Castro se pone al día.

Dicen, los que lo conocen bien, que no hay un proyecto, colosal o milimétrico, en el que no se empeñe con una pasión encarnizada y que en especial lo hace si tiene que enfrentarse a la adversidad, como había sido y era el caso.

“Nunca como entonces parece de mejor humor.” Alguien que cree conocerlo bien le dijo: “Las cosas deben andar muy mal, porque usted está rozagante”.

La tarea de acumulación informativa cotidiana de este sobreviviente comienza desde que despierta. A una velocidad de lectura que nadie sabe con qué método consigue, devora libros; se lee entre 200 y 300 cables informativos por día; está pendiente y al momento de las nuevas tecnologías de la comunicación; se fascina con Wikileaks, la garganta profunda de Internet, famosa por la filtración de más de 90 mil documentos militares sobre Afganistán, en los que este nuevo navegante está trabajando.

–¿Te das cuenta, compañera, de lo que esto significa? –me dice–. Internet ha puesto en manos de noso-tros la posibilidad de comunicarnos con el mundo. Con nada de esto contábamos antes –comenta, al tiempo que se deleita viendo y seleccionando cables y textos bajados de la red, que tiene sobre el escritorio: un pequeño mueble, demasiado pequeño para la talla (aun disminuida por la enfermedad) de su ocupante.

–Se acabaron los secretos, o al menos eso pareciera. Estamos ante un periodismo de investigación de alta tecnología, como lo llama el New York Times, y al alcance de todo el mundo.

–Estamos ante el arma más poderosa que haya existido, que es la comunicación –ataja–. El poder de la comunicación ha estado, y está, en manos del imperio y de ambiciosos grupos privados que hicieron uso y abuso de él. Por eso los medios han fabricado el poder que hoy ostentan.

Lo escucho y no puedo menos que pensar en Chomsky: cualquiera de las trapacerías que el imperio intente debe contar antes con el apoyo de los medios, principalmente periódicos y televisión, y hoy, naturalmente, con todos los instrumentos que ofrece Internet.

Son los medios los que antes de cualquier acción crean el consenso. “Tienden la cama”, diríamos... Acondicionan el teatro de operaciones.

Sin embargo, acota Fidel, aunque han pretendido conservar intacto ese poder, no han podido. Lo están perdiendo día con día. En tanto que otros, muchos, muchísimos, emergen a cada momento...

Se hace entonces un reconocimiento a los esfuerzos de algunos sitios y medios, además de Wikileaks: por el lado latinoamericano, a Telesur de Venezuela, a la televisión cultural de Argentina, el Canal Encuentro, y a todos aquellos medios, públicos o privados, que enfrentan a poderosos consorcios particulares de la región y a transnacionales de la información, la cultura y el entretenimiento.

Informes sobre la manipulación de los poderosos grupos empresariales locales o regionales, sus complots para entronizar o eliminar gobiernos o personajes de la política, o sobre la tiranía que ejerce el imperio a través de las trasnacionales, están ahora al alcance de todos los mortales.

Pero no de Cuba, que apenas dispone de una entrada de Internet para todo el país, comparable a la que tiene cualquier hotel Hilton o Sheraton.

Esa es la razón por la que conectarse en Cuba es desesperante. La navegación es como si se hiciera en cámara lenta.

–¿Por qué es todo esto? –pregunto.

–Por la negativa rotunda de Estados Unidos a darle acceso a lnternet a la isla, a través de uno de los cables submarinos de fibra óptica que pasan cerca de las costas. Cuba se ve obligada, en cambio, a bajar la señal de un satélite, lo que encarece mucho más el servicio que el gobierno cubano ha de pagar, e impide disponer de un mayor ancho de banda que permita dar acceso a muchos más usuarios y a la velocidad que es normal en todo el mundo, con la banda ancha.

Por estas razones el gobierno cubano da prioridad para conectarse no a quienes pueden pagar por el costo del servicio, sino a quienes más lo necesitan, como médicos, académicos, periodistas, profesionales, “cuadros” del gobierno y clubes de Internet de uso social. No se puede más.

Pienso en los descomunales esfuerzos del sitio cubano Cubadebate para alimentar al interior y llevar hacia el exterior la información del país, en las condiciones existentes. Pero, según Fidel, Cuba podrá solucionar pronto esta situación.

Se refiere a la conclusión de las obras de cable submarino que se tiende del puerto de La Guaira, en Venezuela, hasta las cercanías de Santiago de Cuba. Con estas obras, llevadas adelante por el gobierno de Hugo Chávez, la isla podrá disponer de banda ancha y posibilidades de acometer una gran ampliación del servicio.

–Muchas veces se ha señalado a Cuba, y en particular a usted, de mantener una posición antiestadounidense a rajatabla, y hasta han llegado a acusarlo de guardar odio hacia esa nación – le digo.

–Nada de eso –aclara–. ¿Por qué odiar a Estados Unidos, si es sólo un producto de la historia?

Pero, en efecto: hace apenas como 40 días, cuando todavía no había terminado de “resucitar” se ocupó –para variar–, en sus nuevas Reflexiones, de su poderoso vecino.

“Es que empecé a ver bien clarito los problemas de la tiranía mundial creciente... –y se le presentó, a la luz de toda la información que manejaba–, la inminencia de un ataque nuclear que desataría la conflagración mundial.”

Todavía no podía salir a hablar, a hacer lo que está haciendo ahora, me indica. Apenas podía escribir con cierta fluidez, pues no sólo tuvo que aprender a caminar, sino también, a sus 84 años, debió volver a aprender a escribir...

“Salí del hospital, fui para la casa, pero caminé, me excedí. Luego tuve que hacer rehabilitación de los pies. Para entonces ya lograba comenzar de nuevo a escribir. El salto cualitativo se dio cuando pude dominar todos los elementos que me permitían hacer posible todo lo que estoy haciendo ahora. Pero puedo y debo mejorar... Puedo llegar a caminar bien. Hoy, ya te dije, caminé 600 pasos solo, sin bastón, sin nada, y esto lo debo conciliar con lo que subo y bajo, con las horas que duermo, con el trabajo".

–¿Qué hay detrás de este frenesí en el trabajo, que más que a una rehabilitación puede conducirlo a una recaída?

Fidel se concentra, cierra los ojos como para empezar un sueño, pero no... vuelve a la carga:

“No quiero estar ausente en estos días. El mundo está en la fase más interesante y peligrosa de su existencia y yo estoy bastante comprometido con lo que vaya a pasar. Tengo cosas que hacer todavía.

–¿Como cuáles?

–Como la conformación de todo un movimiento antiguerra nuclear –es a lo que viene dedicándose desde su reaparición. Crear una fuerza de persuasión internacional para evitar que esa amenaza colosal se cumpla representa todo un reto, y Fidel nunca ha podido resistirse a los retos–.

“Al principio yo pensé que el ataque nuclear iba a darse sobre Corea del Norte, pero pronto rectifiqué porque me dije que ése lo paraba China con su veto en el Consejo de Seguridad...

”Pero lo de Irán no lo para nadie, porque no hay veto ni chino ni ruso. Luego vino la resolución (de Naciones Unidas), y aunque vetaron Brasil y Turquía, Líbano no lo hizo y entonces se tomó la decisión.”

Fidel convoca a científicos, economistas, comunicadores, etcétera, a que den su opinión sobre cuál puede ser el mecanismo mediante el cual se va a desatar el horror y la forma en que puede evitarse. Hasta a ejercicios de ciencia ficción los ha llevado.

“¡Piensen, piensen!”, anima en las discusiones. “Razonen, imaginen”, exclama el entusiasta maestro en que se ha convertido en estos días.

No todo el mundo ha comprendido su inquietud. No son pocos los que han visto catastrofismo y hasta delirio en su nueva campaña. A todo esto habría que agregar el temor, que a muchos asalta, de que su salud sufra una recaída.

Fidel no ceja: nada ni nadie es capaz de frenarlo siquiera. El necesita, a la mayor brevedad, convencer para así detener la conflagración nuclear que –insiste– amenaza con hacer desaparecer a una buena parte de la humanidad. “Tenemos que movilizar al mundo para persuadir a Barack Obama, presidente de Estados Unidos, de que evite la guerra nuclear. El es el único que puede, o no, oprimir el botón.”

Con los datos que ya maneja como un experto, y los documentos que avalan sus dichos, Fidel cuestiona y hace una exposición escalofriante:

–¿Tú sabes el poder nuclear que tienen unos cuantos países del mundo en la actualidad, comparado con el de la época de Hiroshima y Nagasaki?

“Cuatrocientas setenta mil veces el poder explosivo que tenía cualquiera de las dos bombas que Estados Unidos arrojó sobre esas dos ciudades japonesas. ¡Cuatrocientas setenta mil veces más!”, subraya escandalizado.

Esa es la potencia que tiene cada una de las más de 20 mil armas nucleares que –se calcula– hay hoy día en el mundo.

Con mucho menos de esa potencia –con tan sólo 100– ya se puede producir un invierno nuclear que oscurezca el mundo en su totalidad.

Esta barbaridad puede producirse en cosa de unas días, para ser más precisos, el 9 de septiembre próximo, que es cuando vencen los 90 días otorgados por el Consejo de Seguridad de la ONU para comenzar a inspeccionar los barcos de Irán.

–¿Tú crees que los iraníes van a retroceder? ¿Tú te los imaginas? Hombres valientes, religiosos, que ven en la muerte casi un premio... Bien, los iraníes no van a ceder, eso es seguro. ¿Van a ceder los yanquis? Y, ¿qué va a pasar si ni uno ni otro ceden? Y esto puede ocurrir el próximo 9 de septiembre.

“Un minuto después de la explosión, más de la mitad de los seres humanos habrá muerto, el polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán a la luz solar y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo”, escribió Gabriel García Márquez con ocasión del 41º aniversario de Hiroshima. “Un invierno de lluvias anaranjadas y huracanes helados invertirá el tiempo de los océanos y volteará el curso de los ríos, cuyos peces habrán muerto de sed en las aguas ardientes... La era del rock y de los corazones trasplantados estará de regreso a su infancia glacial...”

Por Carmen Lira Saade
De La Jornada de México.
Especial para Página/12.





El libro de Fidel

Semanas atrás fue publicado el libro La victoria estratégica, escrito por Fidel Castro en los últimos cuatro años, cuando delegó el poder en su hermano Raúl. A lo largo de las 900 páginas, el dirigente cubano narra cómo el Ejército Rebelde libró una batalla que terminó con el triunfo de la revolución socialista en 1959. “La derrota de la ofensiva enemiga, después de 74 días de incesante combate, significó el viraje estratégico de la guerra. A partir de ese momento, la suerte de la tiranía quedó definitivamente echada, en la medida en que se hacía evidente la inminencia de su colapso militar”, relata Castro los últimos momentos del régimen de Fulgencio Batista. El veterano líder cuenta también sus dudas acerca de cómo titular el texto. Barajó posibilidades como “La última ofensiva de Batista” y “Cómo 300 derrotaron a 10 mil”. Días atrás, el político de 84 años anunció que planea escribir la segunda parte, que se llamará La contraofensiva estratégica final.















viernes, 13 de agosto de 2010

Suplemento Cultural UNER Noticias


Estimado lector Invitamos a Ud. a leer el Suplemento Cultural UnerNoticias.

Puede acceder desde www.suplemento.uner.edu.ar





Cordialmente
Equipo Editor Suplemento Cultural
Secretaría de Extensión Universitaria de la UNER










viernes, 6 de noviembre de 2009

Murió Félix Luna


El historiador falleció el jueves 5 a los 84 años; fue un pionero en contar la historia en lenguaje sencillo; hace dos días había sido distinguido por la Legislatura; estaba internado hacía varios meses.




"Falucho", tal como se lo conocía entre los íntimos al autor de Breve historia de los argentinos , había sido distinguido el lunes último con el premio a la trayectoria otorgado por la Legislatura.

Durante el acto, la hija del escritor e historiador recordó la afición juvenil de su padre por la guitarra, su incursión en la poesía con los valores de la tierra y la creación de la Misa Criolla, con Ariel Ramírez.

Aunque muchos lo creían oriundo de La Rioja, la provincia de donde era su familia, Félix Luna había nacido en Buenos Aires, el 30 de septiembre de 1925. Sin embargo, supo aunar como pocos todas las pasiones y muchas de las virtudes de un argentino cabal. Por ello, resultarán escasas estas líneas para tratar de resumir una vida larga y fecunda, caracterizada por el hacer y el pensar en muchos y muy distintos ámbitos de nuestra realidad cultural y política.

En 1951 se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires y muy pronto comenzó a publicar los primeros títulos de lo que iba a constituir una obra interesantísima e imprescindible, que transitó con igual calidad por temas de historia, ensayo, poesía, ficción y periodismo. Contemporáneamente desarrollaba una intensa actividad como funcionario público: entre 1956 y 1958, fue director de la Obra Social del Ministerio de Trabajo de la Nación; en 1958, consejero de la embajada argentina en Suiza y, entre 1959 y 1961, en la embajada argentina en Uruguay; desde 1962 a 1963, jefe de Gabinete de la cancillería, y, entre 1986 y 1989, Secretario de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, en una gestión muy recordada por haber impulsado el Plan Cultural en barrios, con la consiguiente realización de numerosos conciertos al aire libre, tanto como temporadas teatrales, musicales, operísticas y de ballet, en verano, en espacios abiertos y en forma gratuita.

En el ámbito universitario, se desempeñó como jefe de investigación del Instituto de Derecho Político Constitucional de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA, en 1956, y en esa misma facultad fue Director del Instituto de Extensión Universitaria. También ejerció la docencia en las universidades del Salvador y de Belgrano.

Pero su carrera "docente" propiamente dicha iba a desarrollarse de una manera novedosa y fuera de los ámbitos académicos. Porque fue a partir de la publicación de sus libros sobre historia argentina, y de la creación y dirección de la revista Todo es Historia -aparecida en 1967, continúa en la actualidad y ha influido decisivamente en la construcción de la historiografía argentina- que el nombre de Félix Luna estuvo indisolublemente ligado a una manera de contar, difundir e interpretar la historia y la vida de los argentinos no sólo atractiva, sino también caracterizada por la voluntad de objetividad y (sobre todo en sus últimas obras) búsqueda de un principio de entendimiento común. Esa visión lo llevó también a actuar en todos los ámbitos periodísticos de su época: fue colaborador de los diarios Clarín y LA NACION de Buenos Aires, y en revistas y otros diarios del interior; junto con el periodista Miguel Angel Merellano, realizó, entre 1977 y 1982, el programa de radio Hilando nuestra historia , y en 1983, estuvo en Canal 11, en el programa denominado Todo es Historia como su revista (que siguió después en ATC y, más tarde, en Canal 13). Por fin, junto al músico y compositor Ariel Ramírez escribió los versos para varias obras musicales, como la Misa Criolla , Cantata Sudamericana y Mujeres Argentinas , obra esta última que incluye las hoy famosísimas canciones "Alfonsina y el mar" y "Juana Azurduy", consagradas en la voz de la recientemente fallecida Mercedes Sosa.


Indudablemente fue con la publicación de sus casi treinta libros que creció su fama como historiador y escritor. Muy temprano, en 1954, hizo conocer Yrigoyen , la primera de sus biografías de presidentes argentinos, y, enseguida, obtuvo su primer premio, el de la Dirección Nacional de Cultura, en 1957, al mejor cuento costumbrista por "La fusilación". Después aparecieron Alvear, 1958; Diálogos con Frondizi , 1962; Los caudillos , 1966, y, en 1968, una de sus obras capitales, destinada a convertirse en best-seller , El 45 , que termina con este párrafo: "Pienso que daría diez años de la vida de Félix Luna a cambio de un solo día de Juan D. Perón. A cambio, por ejemplo, de aquella jornada de octubre, cuando se asomó a la Plaza de Mayo y recibió, en un bramido inolvidable, lo más limpio y hermoso que puede ambicionar un hombre con vocación política: el amor de su pueblo". Y ante la necesidad de definir por qué había elegido ese año, el propio Luna arriesgó una respuesta en una entrevista, en 1971: "Fue un año decisivo, y no solamente porque Perón haya llegado al poder e iniciado su hegemonía, sino porque el país entero decidió entonces adquirir un determinado estilo político y asumir una determinada conciencia. Ciertos valores cayeron para siempre y ciertos valores quedaron afirmados, también para siempre, en 1945".

Más tarde, Félix Luna publica Argentina de Perón a Lanusse , en 1973; De comicios y entreveros , y Conversaciones con José Luis Romero (ensayo histórico) , 1977, y Ortiz , en 1978. La década del 80 fue extraordinariamente prolífica: Conflictos y armonías en la historia argentina , 1980; Buenos Aires y el país, 1982 ; Golpes militares y salidas electorales , 1983; Perón y su tiempo (tres volúmenes) , 1984; La comunidad organizada , 1985; El Régimen exhausto , 1986, y la que sería otra de sus obras más conocidas y más reeditadas: Soy Roca , 1989. Otra vez, Luna buscó y logró con este libro una forma distinta de narración: a lo largo de 500 páginas es el presidente argentino el que, supuestamente poco tiempo antes de morir, cuenta su vida, tan ligada al destino de la República. La belleza de la prosa y la actualidad histórica del personaje hicieron de este libro otro gran best-seller , continuamente reeditado hasta la actualidad. En Sarmiento y sus fantasmas , 1997, y en Martín Aldama. Un soldado de la Independencia , 2001, Luna volvió a usar sabiamente la voz de sus personajes para lograr que la historia, sin importar su lejanía en el tiempo, se reactualizara hasta hacerse más comprensible para todos.

Fiinalmente, en los 90 también publicó, entre otros, Breve historia de los argentinos , 1993; Historia integral de los argentinos (10 tomos), 1994-1998; Diálogos con la Historia y la Política , 1996, en colaboración con Natalio Botana. En 2005, Encuentros a lo largo de mi vida , y en 2006, Revoluciones .

Distinguido con gran cantidad de premios -en 1994, obtuvo el Konex por el rubro "Biografías históricas"-, miembro de la Academia Nacional de la Historia, recibió además distinciones de los gobiernos de Francia, Perú y Brasil, y fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1996, quizás uno de los galardones que más lo haya emocionado.

Félix Luna ha sido una figura sobresaliente en la historiografía argentina contemporánea pero, y por sobre todo, un escritor y un ciudadano argentino comprometido profundamente con su tiempo y su país. Un buen ejemplo por seguir para aquellos a los cuales ahora les toca continuar con su tarea.


Palabras sobre la historia y sobre su vida


* "He leído y frecuentado a los más importantes historiadores de la Argentina. Pero yo no diría que tuve un referente."

* "No creo que sea muy cierto que hayan sido políticos los que escribieron historia. La historia se fue profesionalizando cada vez más. Yo he hecho mucha política también cuando joven. Después advertí que había que optar entre ser político o historiador, y opté por la historia."

* "Me pareció que [Perón] era un mitómano, que hacía su propia construcción con las cosas que él decía sin que sus certezas estuvieran fundamentadas en nada racional."

* "Creo que he sido buen marido. A mi mujer la quiero mucho, la he acompañado siempre, no he puesto obstáculos en su carrera, una carrera importante como anticuaria. Hay aspectos que tal vez me reprocho, pero son míos; ella también me los reprocha."

* "Escucho mucho Mozart, algo de Beethoven, a Django Reinhardt y a Feliciano Brunelli (se ríe). Sí, todo."

Las frases son fragmentos de una entrevista con LNR, publicada el 21 de agosto de 2005.





Entrevista a Félix Luna donde habla sobre
el Peronismo y la historia Argentina






Mini entrevista realizada a Félix Luna
 por el Diario La Nación







ENTREVISTA
Saramago: “No escribo para agradar, sino para desasosegar”


El premio Nobel portugués presentó en Madrid su novela más reciente, Caín • El aborregamiento en la sociedad actual llega a extremos inconcebibles, subraya • Anunció detalles de su próximo libro.


Madrid, 2 de noviembre.

Con semblante sereno, la lucidez y la mordacidad intactas, y el físico y la salud mejores que hace un año, cuando bordeó la muerte, José Saramago se presentó en Madrid con su nueva novela bajo el brazo: Caín, la cual ya despertó la ira más furibunda e “inmisericorde” de la Iglesia católica y de la derecha europea. El Nobel de Literatura portugués prefirió obviar las diatribas contra su obra y persona, y revelar a sus lectores un hallazgo íntimo y reciente: “Yo no escribo para agradar ni para desagradar. Yo escribo para desasosegar”.

En menos de un año, y después de haber sido rescatado de la muerte por su mujer y traductora, Pilar del Río, Saramago ha publicado tres libros: El viaje del elefante, novela en la que reflexiona sobre la muerte a través del accidentado viaje del paquidermo Salomón; El Cuaderno, recopilación de sus reflexiones y ensayos publicados en su blog, y Caín, novela en la que recupera el Antiguo Testamento para emprender un viaje irónico y singular en cuyas páginas merodea su profunda animadversión por el dogma moralista y castrante de la Iglesia católica.

La novela la presentó en Portugal el pasado 19 de octubre y desde entonces han ocurrido dos hechos destacables: se ha convertido en el libro de más venta en la historia reciente del país, con una primera edición agotada de 130 mil ejemplares, y la segunda, ha despertado la ira de la Conferencia Episcopal Portuguesa y la derecha política, que no solo piden su excomunión, sino que renuncie o “le renuncien” su condición de portugués.

Pero el libro, como él dice, pretende únicamente abrir un debate sobre el dogma, las ideas unidimensionales, el status quo y la violencia que nos carcome a diario como civilización.


Somos tan crueles como Dios

Saramago, de 86 años e ironía afilada, se presentó en la Casa de América de Madrid con un hallazgo vital: “Hay una pregunta que persigue a los escritores: ¿por qué escribir? Como decía el filósofo griego, el movimiento se demuestra andando, y la razón de escribir en el fondo no es más que eso: escribir. Pero hay otra pregunta más compleja: ¿para qué se escribe? Y eso depende del punto de vista. A lo mejor yo hace unos cuantos años no sabía decir para qué escribía, pero ahora lo tengo bastante claro.

“Yo no escribo para agradar ni para desagradar. Yo escribo para desasosegar. Algo que me gustaría haber inventado, pero que ya lo inventó Fernando Pessoa, El libro del desasosiego. Pues a mí me gustaría que todos mis libros fuesen considerados «libros para el desasosiego».”

Saramago consideró que vivimos un momento delicado por el “aborregamiento” que prevalece en la sociedad actual y que llega a extremos “inconcebibles” como mantener en el poder a un personaje como Silvio Berlusconi, quien encarna en su persona y en su administración el resurgimiento del fascismo.

En cuanto a las críticas que ha recibido por su libro, Saramago lamentó sobre todo la falta de “misericordia”, la “impiedad” de la Iglesia y sus apologetas, que condenaron la novela sin siquiera haberla leído.

“Claro que una institución como la Iglesia católica —que sobre todo no quiere ser desasosegada— no estará nada de acuerdo en que le quiten su tranquilidad milenaria para que todo siga igual, y para que nada se discuta, y si toco en las partes sensibles y una de ellas es la interpretación de la Biblia.

"La Iglesia es como los perros de Pavlov, que cuando recibían un estímulo inmediatamente corrían, reaccionaban”.

Entonces recordó cómo en los tiempos de la Inquisición no era sorprendente que un inquisidor que acababa de quemar a una bruja o a un homosexual —“a un comunista no, porque entonces no los tenían”— se iba a su casa, se sentaba en su sillón y se ponía a leer las poesías de San Francisco de Asís. “Es una paradoja que un hombre con las manos manchadas de sangre se ponga a leer un poema que expresa un lenguaje universal, como el poema del Hermano lobo. Y encontré en mi cabeza una respuesta: el hombre es así, no puede llamar hermana a la oveja porque la oveja está ahí para ser comida”, dijo.

Saramago reflexionó sobre su propia muerte: “La muerte no me importa. Pero sí me afecta desde un punto de vista muy egoísta, porque es finalmente el estar y ya no estar. Eso es la muerte: el haber estado y ya no estar. Que estaremos en la vida futura, puede que sí. Pero lo que no puedo aceptar es que alguien me diga que mis pecados los pagaré en el infierno y que ahí me quedaré por toda la eternidad. Crueles somos nosotros los hombres que concebimos la pena perpetua… Tan crueles como Dios somos los seres humanos. La idea de que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza se invierte; nosotros hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza”.

También develó que el libro en el que trabaja partirá, como es habitual en su obra, de un supuesto improbable: todas las personas que trabajan en la industria armamentista se ponen en huelga por una cuestión de principios, por evitar que la humanidad se siga desangrando. “Todo el mundo tiene armas y en todas partes se habla de la importancia de matar, al mismo tiempo que se banaliza el asesinato. Y no intento salvar a la humanidad, simplemente me basta con salvar mi propia conciencia y que los lectores se dejen desasosegar profundamente. Eso es lo que necesitamos”.

Fuente: La Jornada de México



"Dios no es de fiar": Saramago

Caín, su nueva novela, es una reflexión irónica sobre la religión • “El Antiguo Testamento es un engendro”, dice el Nobel de Literatura • Negó que este libro signifique un “ajuste de cuentas” con Dios, pero no descarta que “algunos tal vez vuelvan a crucificarme”.