...
...
...
...
...
...

lunes, 5 de octubre de 2009

POR SIEMPRE, CANTORA NUESTRA

En el día de la fecha (4.10.09) en la ciudad de Bs As, Argentina, tenemos que informarle que la señora Mercedes Sosa, la más grande Artista de la Música Popular Latinoamericana, nos ha dejado.

Haydé Mercedes Sosa, nació el día 9 de Julio de 1935 en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Con 74 años de edad y una trayectoria de 60 años, Ella transitó diversos países del mundo, compartió escenarios con innumerables y prestigiosos artistas, y dejó además, un enorme legado de grabaciones discográficas.

Su voz llevó siempre un profundo mensaje de compromiso social a través de la música de raíz folklórica, sin prejuicios de sumar otras vertientes y expresiones de calidad musical.

Su talento indiscutible, su honestidad y sus profundas convicciones dejan una enorme herencia para las generaciones futuras. Admirada y respetada en todo el mundo, Mercedes se constituye como un símbolo de nuestro acervo cultural que nos representará por siempre y para siempre.

Quizás, las palabras de su entrañable amiga, Teresa Parodi, resuman el sentimiento de muchos:

“…Mercedes, salmo en los labios

amorosa madre amada

mujer de América herida

tu canción nos pone alas y hace que la patria toda

menudita y desolada no se muera todavía,

no se muera porque siempre cantarás en nuestras almas…”










Mucho más que folklore


La figura del “cantante popular” es, desde ya, compleja. Sus posturas personales, la vida privada, la coherencia entre ese territorio supuestamente íntimo y la actividad pública no son sólo un acompañamiento, un condimento de la música sino, a veces, parte de la propia música. Hay, en todo caso, una ilusión de autobiografía. Se supone –y el cantante en muchas ocasiones juega a ello, conscientemente o no– que el artista canta su propia vida.



A diferencia de un novelista, que podría contar muchas historias, el cantante sólo cuenta la propia. Y funciona, en ese sentido, como símbolo de pertenencias sociales y afinidades culturales. Que para la última dictadura militar argentina fuera un dato significativo el hecho de que algunos de sus perseguidos tuvieran en sus casas discos de Mercedes Sosa o que el ser parte de su público bastara para la condena ideológica dice, a su pesar, mucho acerca del valor y de la capacidad de representatividad cultural de la cantante. En efecto, ella cultivó un modelo de artista en que la mímesis con el público era fundamental. Su pensamiento, sus ideales, su postura ideológica eran hasta tal punto parte de la esencia de lo que hacía que resultaba inimaginable –y no sólo para la limitada capacidad intelectual de los dictadores– un público que no se le pareciera. Gustar de sus canciones, es decir de su manera de interpretar un conjunto de piezas tradicionales y de los más grandes compositores del género en las últimas décadas de la Argentina, era, sin duda, amarla a ella.



Si fuera necesario un solo ejemplo del peso simbólico de Mercedes Sosa alcanzaría con aquellos trece recitales en el Opera. Haber estado allí y, después, tener los discos, era una bandera. Esos recitales, como la marcha de la CGT en marzo de ese año, como los pronunciamientos de la Multipartidaria eran signos de que la fuerza de la dictadura se resquebrajaba. La cantante prohibida y exiliada volvía, pero no sólo para cantar. En primer lugar, estaba el propio significado de ese reencuentro con el público. Pero además estaba la naturaleza heterogénea del grupo que la acompañaba, de sus invitados: Mercedes Sosa ya no cantaba “folklore” sino que venía a representar la música popular en su conjunto, desde las melodías anónimas del Noroeste hasta el Cuchi Leguizamón y desde Cobián y Cadícamo hasta Gieco, Piero, María Elena Walsh o Charly García.



Desde entonces abundaron los cruces, pero hubo también una vuelta a las fuentes y al cobijo de ese mundo estético que a falta de una palabra mejor se sigue llamando folklore. Una trayectoria de más de cuarenta años que define por un lado a una intérprete única, con una voz de riqueza de matices y fraseo excepcionales y, por otro, a la explicitación más acabada y perfecta de la canción popular –y de sus artífices– como signo de su tiempo.

Diego Fischerman

Fuente: Página 12 - 05/10/09




Un puente sobre todos los abismos

Hace ya varios años, la broma se volvió usual entre los periodistas dedicados al rock: imaginar nuevos covers en la voz de Mercedes Sosa, a cual más delirante. Suponer cómo sonaría “Uno, dos, ultraviolento” de Los Violadores o “Resaca” de Fito Páez, o “Destrucción” de V8. Pero no eran chistes crueles, no se buscaba ridiculizar la figura de la folklorista. Aun un gremio tan irreverente como el de la guitarra eléctrica hacía esos chistes desde un lugar de respeto. La Negra se ganó ese respeto porque la fuerza de sus convicciones la llevó a desactivar un prejuicio que parecía indestructible, la barrera infranqueable que el folklore establecía con los nuevos representantes de lo popular. Antes de Mercedes, el sindicato del bombo legüero consideraba al rock como un enemigo extranjerizante, que sostenía principios estéticos y artísticos que menoscaban la identidad nacional. Había muy pocos ejemplos de acercamiento. Mercedes, que supo de persecuciones, prefirió extender su mano, reconocerle a esa otra música un valor y un poder de enseñanza. Y con ello cambió la historia.


El efecto fue, además, recíproco. Si para músicos como Horacio Guarany o Alfredo Abalos el rock era poco menos que el demonio, para los pelilargos el folklore era una expresión apolillada y cabezadura. Mercedes hizo que ambos terrenos artísticos dejaran de estar separados por alambre de púas, demostró que un escenario no tiene por qué ser lugar de contiendas, que podía ser ambiente de encuentro, comunión y comprensión para estilos musicales que muchos querían obligar a seguir siendo agua y aceite. Se fundió en un abrazo sincero con Charly, con Fito, con León; su voz maravillosa le dio otro color y otro significado a la lírica del rock, al que quiso reconocer como otra forma de folklore.

Con ese mero hecho, realizado no por cálculo sino por simple amor, Mercedes Sosa convirtió la música popular argentina en un campo mucho más fértil. Desde entonces, nadie cometió la torpeza de acusar a Gieco de vestir dos camisetas, a ningún rockero se le ocurrió mirar torcido a Divididos por el chacareggae de La era de la boludez, que el mismo Iorio de V8 expresara su admiración por Larralde no fue interpretado como esquizofrenia grave, a nadie le asombra hoy la existencia de grupos como Arbolito, Tremor o Doña María. Generosa y apasionada, La Negra supo tender un puente mucho más sólido que las desconfianzas del pasado. Será por eso que el luto de hoy no reconoce fronteras.


Todos los que escribimos, los que fotografían, los que hablan, los que acompañan intentamos un imposible, el de hacer justicia a la memoria de una cantora mayúscula, la voz que supo tender un puente sencillamente universal.

Los artistas se van, eso no tiene remedio. Pero el arte se queda a vivir para siempre.
Eduardo Fabregat
Fuente: Página 12 05/10/09


AGENDA: Ciclo cultural en el Club Social Maria Silva & Luis Baetti‏


Maria Silva

música popular latinoamericana
Para escuchar algo de María Silva: http://www.myspace.com/mariasilvacantora

Luis Baetti
música popular argentina
Para escuchar algo de Luis Baetti: http://www.luisbaetti.com/

jueves 8 de octubre, 21.30hs
"El gregoria" café del Club Social - San Martin 958
Entrada general $15


flavaldez@hotmail.com - (0343) 154050116

laferraramau@yahoo.com - (0343) 154544303


APART HOTEL FATUN “26 de Noviembre”


Disfrutá el verano 

Un lugar Ideal y exclusivo para la Familia Nodocente

M. Lebenshon 531 e/ B. Encalada y Sacconi 
Tel: 02257 42-0774 - Mar de Ajó



Ubicación céntrica a metros del Mar.
Departamentos totalmente equipados.
Habitaciones con baño privado, Sommiers Matrimoniales y Diván cama.
Ventiladores de Techo; Cocinas con heladera, microondas, cocina, vajilla completa; Lavadero; Comedor amoblados con Mesa y Sillas; TV c/cable.
Cocheras sin cargo.

Solo se podrá reservar por 7 días cada Departamento, sin excepción.